sábado, 31 de enero de 2009

Mientras crujen los huesos (primera parte)

Tomo una botella de Atlas bien heladita, le pido un lapicero a la mesera y mirándola a los ojos le miento en seco, diciéndole que se lo devolveré. Saco de mi mochila el cuaderno de Hello Kitty que me regaló Liliana, cándido, rosado e inmenso, así como tierno y digno de ser sacado hasta en las reuniones de trabajo. Empiezo a escribirle a El Gchu, que se casa, y termino escribiéndole a Milagros algo que, probablemente, tampoco enviaré. Todo ha sucedido tan rápido que me da la sensación de haberme quedado varado en alguna parte de esta travesía y que mi cuerpo anda por ahí flotando, o mejor aún, bailando en alguna discoteca ochentera en pleno año 2009, y lo que me acompaña en este momento es la mera carcasa de un espíritu sujeto con goma de mascar. Estoy en un bar del Tocumen, Aeropuerto Internacional de Panamá esperando por el vuelo a mi insuperable Perú.

Hace un par de semanas sufrí un accidente “traumante”, traumático y traumatizante para mí y para los boquiabiertos testigos que unísonos repetían “Oh my God, Oh my God”, viendo mi pie derecho colgando como cadáver de pollo en pleno mercado tercermundista. Mis 92 kilos alcanzando la altura de 3.30 metros en un salto vertical para recuperar un rebote, aterrizaron sobre el pie de otro jugador, Ralph, haciendo torsión con mi peso y culminando en mi ceniciento tobillo, que a manera de protesta, decidió abandonar su puesto de trabajo e irse a conversar con otros huesos desconocidos. En ese momento sentí que era una mujer virgen y que con caderas estrechas daba a luz a trillizos con hidrocefalia temporal. Mis gritos bien podrían haber sido la representación gutural de una conquista medieval. Tendido boca arriba y con mi pie apuntando a otra dirección totalmente inerte, lo primero que pensé fue “puta madre, voy a engordar”. En ese preciso instante Ralph, un musculoso negro de 2.05 metros de altura, me tomó de la mano (no jodan) y me empezó a gritar “you’ve got to fight man, fight de pain, fight it!”. Entonces me trasladé mentalmente a una película gringa representando la guerra de Vietnam y que me habían herido, y que a fuerza de alientos verbales sortearía la muerte, o moriría valientemente sin derramar una sola lágrima gritando “freedom!” así como Mel Gibson ahuyentaba la mariconada a fuerza de alaridos mientras le cortaban las gónadas en Braveheart.

Cinco minutos más tarde tenía un policía a mi lado impecablemente uniformado mirando mi tobillo y diciendo “Oh my God”. Pasaron tres minutos más y cuatro paramédicos entraban con una camilla como las que usan en la serie ER. Y uno de los más jóvenes me preguntaba qué me pasaba. Tragando saliva espesa, con el dolor devorando mis neuronas quería decirle “no me pasa nada, sólo quería saber si George Clooney todavía trabaja con ustedes”. En realidad eran tres adolescentes en prácticas para ser paramédicos y una mujer paramédico de mediana edad que con una mirada me regaló un poco de calma y con otra derritió al que preguntaba que cuál era el problema. La paramédico mayor señaló mi tobillo que colgaba como chivo expiatorio degollado de mi pierna y el preguntón replicó con cara desencajada “Oh my God”.

Al pasar en camilla amarradito como tamalito verde en vitrina, recuerdo “carajo, justo la clase de aeróbicos”. Se detiene la música y todas las bellas féminas duritas y apretaditas del gimnasio se acercan para ver a este pobre huevoncito más pálido que emo japonés, con una sonrisa de cojudo, a punto de saludarlas con la palma de la mano como si hubiera ganado un concurso de belleza.

Mi siguiente preocupación es el frío al salir del gimnasio, la temperatura está a -22 ⁰ C. Entonces le pido a Ralph que traiga mi ropa del casillero. “No se preocupe por el frío” me dice el preguntón en vías de paramédico aunque en ese momento hubiese querido que esté en vías de extinción, juro, me daba ganas de preguntar su edad porque el solo hecho de que me ande toqueteando me infiere una idea delictiva al menor. “Tenemos un mantita para protegerlo del clima”. Felizmente, pienso. Estos gringos, seguro tienen una manta súper moderna, eléctrica y hasta con conexión internet para estos casos. Madre. Era un pedacito de tela parecida a las que te dan en los aviones. Hubiera preferido la que me tejió mi bisabuelita que a pesar de su ceguera, lograba realizar estas manifestaciones textiles de cariño.

Salgo al estacionamiento en mi pesebre rodante, y no pues, no es que te de frío. No es que te frotas un poquito los brazos y ya. No. El frío no es frío. Es una chaveteada olímpica por todo el cuerpo, es una despellejada con cuchillo sin filo, que te inutiliza hasta para reconocer tu propio sexo. Para colmo los tres aprendices no saben usar la camilla que se acopla y se sube automáticamente al vehículo. Con amabilidad les sugiero, “me bajo y me subo a la ambulancia, que si no me mata el dolor del tobillo, la hipotermia será un asesino mucho más eficaz”. Llega Ralph con mi casaca y con cara de haber cometido un crimen. “You fucking fight that pain man” le sonrío, agradezco y me cubro con la mantita para enanos que me dieron estos huevas y que apenas me cubre el ombliguito al descubierto.

En la ambulancia me toman mi presión y mi pulso, mientras yo les converso entre quejidos de animal nocturno cualquier cosa que se me viene a la cabeza. De pronto la única mujer entre los aprendices mira desconcertada a su compañero, ella es de rasgos asiáticos pero sus ojos se abren como caricatura manga (¿por qué todos los mangas tienen ojos inmensos?), y le dice “¡no encuentro su pulso, no encuentro su pulso!” hundiéndome los dedos en el brazo. Yo no me aguanto y contesto “¿ya me morí?”. La única paramédico y conductora de la ambulancia ahora con más vergüenza que ganas de reprenderlos les dice que mantengan el tobillo en alto. El otro cuasi paramédico, pelirrojo, delgado y de piel casi transparente extrae de una gaveta numerosos papeles. Los firmo sin mirar. Por algún irracional motivo confío en los pelirrojos. Pero cuando me empieza a hacer una encuesta sobre la calidad de su servicio me da ganas de dislocarle el tobillo con mis propias manos y compartir camilla con él.

En la sala de emergencia del hospital Robert Wood Johnson el primero que me ve es el conserje que desinfecta el piso sin ánimo, de pronto mi tobillo le devuelve expresión al rostro y me dice, acercándose con el trapeador “Oh my God”. Unos segundos más tarde viene una enfermera de rostro angelical, de intensos ojos azules y de maneras gráciles. Su presencia me convierte en Rambo. Ya no me quejo. Saco pecho, flexiono mis bíceps. Poso. Ella me pregunta algunos datos y yo quiero darle una biografía de mi vida en versión éxitos only. Me pregunta a quién debe contactar. Mi sonrisa coqueta se borra en un santiamén, no sé qué responder, Juliette debe estar durmiendo, no quiero molestar a nadie. Para comprar tiempo le pregunto con cara de asilado político si en ese espacio puede colocar su número telefónico. Ríe con ética profesional. Saco mi celular y le doy el número de Gabriel. Es el único que se me ocurre.

“Te voy a colocar un catéter venoso, va a salir un poco de sangre”. Por ti, hasta la última gota, pienso tratando de disimular mi carita de enfermo. Le pido que le tome una foto a la aberración que tengo por tobillo y me la envíe al celular, en el fondo sólo es una treta para conseguir su número. Lo hace. Acto seguido, me inyecta una droga que simplemente la convierte en un ser intenso, rodeada de ese cabello dorado, hasta puedo ver que le crecen alas de colibrí y no se desplaza, si no que vuela en la habitación como un hada madrina y me ilumina todo con esos ojos brillantes y dóciles. Sin embargo el dolor no disminuye.

Entra la doctora, me siento el de mayor edad en la sala, es una joven polaca, pecosa, musculosa y sin revelación humana alguna en el rostro. Otra vez el “Oh my God”. Llama a su colega traumatólogo. Viene un muchacho con pinta de surfer hablando por su iphone, risueño y mirando su reloj. Con tanta juventud rodeándome la primera idea de amputación discurre por mi cerebro.

20 comentarios:

zeta dijo...

Gracias.

Inz dijo...

Me da gracia, le pasan la voz a Di-s como si no supiera ya lo de tu tobillo. Debo confesar humanamente que me he reido con la historia de tu dolor, y man.. ese pie si es fuck*ng gross.

Al final, sacamos el numero de la doctocilla?. Algo bueno debe salir de tu accidente eh?

Ahora el punto es que no la sigas pegando de rambo y dejes al puto pie sanarse, asi que no te quiero ver merodeando alguna cancha de basket.

Anónimo dijo...

Atractivo. Hay detalles que deben ser explicados porque obviamente vives en otra cultura.

Es un buen post. Habría que hacer ciertos cambios para que no quede sólo en eso.

Recupérate pronto.

Pedro C.

verdemundo dijo...

Zeta, de nada (por qué ah?)

Inz, merodearé las losas deportivas en menos de un mes. I promise. No era doctora era una escultura vestida de enfermera.

Pedro C. El que necesita los cambios soy yo. Gracias.

C.W. y C.B. dijo...

"oh my god"...ja ja pobre con tu dolor de tobillo y encima con inos incopetentes...eso es mucho, pensé que eso sólo pasaba en Perú!!....Regresaré a leer tu segunda parte de la historia!!!
besos y espero estes mucho mejor

Anónimo dijo...

Pobechitooo.. yo te cuidaría, jaja. Espero que te recuperes pronto y dejes de andar jugando basket por un tiempo.

Rocio

Anónimo dijo...

me he matado de la risa!! jaja ya me imagino lo que viene postea al toque la segunda parte.
maria trespatines.

Anónimo dijo...

Maldito, si estás en Lima avisa para conocer tu tobillo.

Diego.

chica diez dijo...

me encantan los gringos, siempre tan transparentes... no me quiero imaginar como habra estado ese tobillo para que ninguno se haya privado de gritar OH MY GOD!
... y que bueno que estes de vuelta!

verdemundo dijo...

C.W. y C.B., gracias por pasar por aquí. Espero que la segunda parte los enganche también.

Rocío, el día que deje de jugar basket será el día que deje de ser feliz.

Maria trespatines, osea que te da risa mi sufrimiento... a veces a mí también, bad girl bad girl.

Diego, bueno esta semana todavía no podré caminar, pero la próxima me dicen mi pull de médicos que estaré mejor. Me avisas.

Iziar, es bueno estar de vuelta, y mejor todavía encontrar tu comentario.

Anónimo dijo...

Pensé que era pool de médicos
DIego

VeRoNiKa ♫ VeCa ♪ LiFe dijo...

Hola, No se ni como llege pero agradesco haber llegado. sorry que me ria por lo que escribiste y a la vez me dejo en ascuas. pero me dio risa lo del tamalito en vitrina y el OMG me voy a engordar. jajaja Bueno espero que estes mejor. Y nos leemos.
un saludo.

PD: los gringos aqui no tienen ni la mas minima nocion del que es tener frio en un hospital con la sabanita que te ponen lo unico que te hace es tener mas frio.
Saluods
Veronika

verdemundo dijo...

Diego, es que no es un pool es un pull porque me jalan la pata.

Verónica, gracias por la visita, tu blog está bien chévere.

Ana Azul dijo...

Gracias por tu visita a mi blog. Celebro que te guste. Tengo otro cuya dirección está en mi página. Las entradas son repetidas pero así tengo más amigos que me van conociendo. Espero que éste sea tu caso.
Ana

pecas dijo...

=D
pues yo sí me he reído, había abierto tu pagina más de una vez pero por falta de tiempo y viendo tamaño testamento + la imagen de la Kitty tonz me dije... 'lo dejo para después' ahora veo q debí leerlo antes...

los siento por tu tobillo más cuando no estás en casa...tamaño frío eeh !

espero por la continuación...

recuperate pronto =)



[ese nombre Liliana es fabuloso no crees? ^^ ]

verdemundo dijo...

Ana, sí, espero que sigamos en contacto.

Pequitas, así que te ríes de mi dolor... te perdono porque a Liliana le gusta tu blog.

Daphne dijo...

OH MY GOD!

Luly dijo...
Este comentario ha sido eliminado por el autor.
Luly dijo...

Leo disculpa por no leer la primera parte antes, la pequitas me había comentado algo, pero eso de que todos te dijeran "oh my god" y tú mientras tanto muriendote de dolor lo hayo rídiculo.
Suprimi el comentario anterior, aunque es el mismo porque me falto agregar algo.

Besos y cuidate

Anónimo dijo...

Genial post and this mail helped me alot in my college assignement. Thank you seeking your information.