verdeopinion
La niebla del mar olía a mariscos, y el mar estaba suspenso en la niebla.
miércoles 26 de octubre de 2011
Forgetting by David Gray
Crawling then walking
Then running and sweating
Forgetting
Lying and cheating
Aiding and abetting
Forgetting
Itching and scratching
Punching and hitting
Forgetting, Forgetting, Forgetting
Forgetting
Reminding rewinding
Removing regretting
Forgetting
Your smiles at the wake and
Your tears at the wedding
Forgetting, Forgetting, Forgetting
Forgetting
Forgetting, Forgetting, Forgetting
Forgetting
Spellbound and hellbound
And caught in the netting
Forgetting
Wiping it clean
My mute Armageddon
Forgetting, Forgetting, Forgetting
Forgetting
Forgetting, Forgetting, Forgetting
Forgetting
Forgetting, Forgetting, Forgetting
Forgetting
jueves 20 de octubre de 2011
El dios es Banville (Recortes de Los Infinitos, John Banville)

Beckett se nota en la prosa de Banville pero de una forma lateral, se ha agregado la descripción pulida de Nabokov y la funcionalidad de las historias de Saul Bellow. Los infinitos, la última obra de John Banville peca de ingeniosa, sutil, profunda y nos sumerge a todos en su pecado, en su vasta luz mortecina.
Adam Godley, padre, está al borde de la muerte por una isquemia. Adam, hijo, y su esposa Helena han venido a visitarlos, así también un amigo de la familia, Roddy Wagstaff, que desea hacer una biografía del moribundo. Petra, hermana de Adam hijo, es una mujer atormentada por su imaginación, una suerte de Remedios, la bella, atrapada en sus propios ensueños y fijaciones. La esposa de Adam Godley padre es una mujer alcohólica y por momentos parece demente. La familia y Roddy se reúnen para presenciar la muerte del padre, así también dos seudo sirvientes, que viven cerca, Ivy y Duffy. Pero estos eventos, complicados ya, se vuelven aún más extraños por la visita de los dioses Zeus, Hermes y Pan. Zeus adopta formas humanas para acostarse con Helena, Pan en la forma de Benny Grace, amigo de Adam padre y Hermes que es el narrador “casi omnisciente” que logra internarse en los pensamientos de cada uno, pero que, cuando toma formas humanas no sabe lo que ocurre en la habitación continua.
El límite cuando tiende al infinito es una manera matemática de explicar este libro. Pero infinitos superpuestos es ya una forma poética, la teoría de la renormalización, que trabaja con varios infinitos a la vez, para entender esta desnormalización en la vida de esta familia. Estos dioses que juegan con las tragedias humanas sólo para hacer su insoportable existencia, viable. Pero en el fondo, los dioses envidian la fugacidad, la lealtad del amor imperfecto, la trivialidad de lo efímero: el ser humano, su propia creación.
“Para nosotros, los inmortales, no hay Cielo, ni Infierno, no hay arriba o abajo, sólo un infinito aquí, que es como no estar aquí. Piensa en eso” (pág. 15 la traducción es mía).
El narrador es Hermes, el que condujo a Príamo para rescatar el cuerpo de Héctor en el campamento de Aquiles. Hermes, durante el transcurso de un día, nos cuenta, a veces al oído, otras desde un podio, pero siempre con una minuciosidad y estética grandiosa, lo que ocurre con cada personaje y lo que los dioses quieren para sí mismos.
Nada en este libro es gratuito, esa es, quizás, la debilidad, una construcción tan esmerada tanto en la prosa como en los conflictos no puede ser leída sin la constante alerta de lo que significa el lado B. Por ejemplo, los nombres, Adam, el primer hombre, según la Biblia, siendo sacrificado y el hijo, que simboliza Jesucristo, sin afección por nada excepto la atracción a su esposa; o incluso el Dr. Fortuna, el médico de la familia, donde destruye la capacidad de la ciencia. Ciencia y religión destruidas. Sin mencionar Helena, Benny Grace, quien creo, al final su nombre alcanzará su verdadero significado. O el apellido de por sí, Godley, que mal podría ser traducido como Godlike o lo que se parece a dios o divinamente.
El entorno siempre se ve afectado por la falta de luz, dando a los personajes un efecto fantasmagórico. La luz siempre duda en entrar a las habitaciones.
“La luz cae desde el techo de vidrio como una lluvia silenciosa, indiferente, una cosa absorbida en otra, todo junto” (pág. 140)
“La luz del día parece dudar un momento antes de entrar” (pág. 144).

Guiños a Shakespeare y Nietzche. La fuerza de una prosa impresionante y no diseñada para impresionar. Esa voz de Hermes tan segura para contar los hechos y las explicaciones sobre su estancia, sobre los móviles de los dioses. “Entiendo tu escepticismo. ¿Por qué en tiempos como estos regresarían los dioses entre los humanos? Pero el hecho es que nunca nos fuimos, sólo nos dejaron de entretener” (pág 202).
Los infinitos resulta, por temática, una novela existencialista: habla de la muerte o la otredad como límites del individuo, y del amor como superación, quizás falsa pero consoladora.
Esta novela es, hasta el momento, la mejor que he leído este año. Sí, es demasiado ingeniosa y estilizada. Hay un trabajo minucioso y equilibrado. La historia parece, por momentos, que deja cabos sueltos; pero las imágenes y la prosa construyen, suplen, inyectan una creación magnífica ¿Serán estas las claves de una novela genial? Es probable.
miércoles 19 de octubre de 2011
Ojos de pez abisal
En la Estación Central de Kioto, un ingeniero peruano establecido en el Japón, se reencuentra con su amigo huancaíno después de más de seis años. Con él llega el recuerdo doloroso del asesinato de su único hermano y la posterior desaparición de sus padres en un pueblo de los andes huancavelicanos por causa del terrorismo de los ochentas. Planean hacer turismo durante el fin de semana, pero el encuentro marcará el inicio de una historia que no esperaba vivir. Huancayo, Lima, Kioto y el ambiente previo al Mundial de Fútbol 2002 serán los escenarios de un gran descubrimiento que lo conducirán al difícil dilema de buscar justicia o buscar venganza en medio de la tortura de enfrentar recuerdos que creía haber dejado sepultados para siempre en el Perú.
Presentación: Viernes 21 de octubre del 2011, 7pm
Lugar: Auditorio del Colegio de Ingenieros del Perú, Av. Arequipa 4947, Miraflores
Presentan: Iván Thays, Christian Solano, Jorge Salcedo
jueves 29 de septiembre de 2011
Nude
Don't get any big ideas
They're not gonna happen.
You paint yourself white
And fill up with noise
But there'll be something missing.
Now that you've found it, it's gone
Now that you feel it, you don't
You've gone off the rails.
So don't get any big ideas
They're not gonna happen.
You'll go to hell for what your dirty mind is thinking.
Panic*
*Diego Trelles. (Esta fue una de las lecturas en Cornell University)
Cuando era niño jugaba a ser dj. Tenía un micrófono negro, largo y flaco como un dedo en luto y uno de esos equipos Philips con doble casetera y sistema Dolby. Era un aparato menesteroso: una antena rota que yo había parchado con cinta adhesiva, el botón de REC completamente tieso después de tanto mix pirata y, al carecer de tapa, el cajoncito posterior de las baterías -que tenía vida propia- se esforzaba por hacer volar las pilas en medio de esos apagones cortesía de Sendero Luminoso que traían velas y vecinos aburridos a la cocina de mi casa.
No sé si tenía talento para mezclar música. Es muy probable que no porque yo imitaba a los djs de las radios peruanas y lo único que sabían estos pobres y necios hombres era amanerar la voz y decir chévere suavecito y, luego, programaban sin ningún remordimiento un tema de The Cure y después otro de Yuri o de Magneto, que en esa época eran bastante chéveres y suavecitos. No importaba: yo jugaba a ser dj y tenía mis casetes en el orden justo y, luego de poner música decente, solía charlar con mis oyentes imaginarios. No recuerdo haber sido nunca infeliz sino todo lo contrario.
Un día llegó el Heavy Metal a mi vida y decidí ser un dj metalero. Mi pelo creció. Empecé a ir a la avenida Colmena a comprar casetes con carátulas llenas de demonios y de cruces volteadas. Copiaba un programa llamado Guerra de Estrellas y solía enfrentar a Metallica con cualquier otro grupete de gritones que odiaran a Dios. Los oyentes ficticios llamaban y votaban y yo hacía que esta batalla fuera reñidísima hasta que triunfales, sobradísimos, con una canción del And justice for all.. llamada "One", que yo bailaba moviendo mi cabeza en círculos, los cuatro metallicos salían victoriosos de cuanto conflicto se les pusiera delante. Un día me di cuenta de que Metallica me daba dolor de cabeza y que ya me llegaba francamente al pincho. Me corté el pelo casi rapado. Hice que perdieran la Guerra de Estrellas hasta con Michael Bolton, pero no dejé de transmitir. Ya era un adolescente y seguía jugando a ser dj, pero este segundo acto no me duraría mucho.
El día que llegaron los cedés a hacer obsoleta y cómica mi colección de casetes piratas, y mi fiel equipo Philips con doble casetera y sistema Dolby decidió suicidarse por algo parecido al orgullo tecnológico, se acabaron mis maratónicas jornadas de dj. Recuerdo con mucho detalle mi último programa, porque mis oyentes llamaron para solidarizarse conmigo y desearme una vida dichosa. Sólo para joderlos, para que no pensaran que yo iba a ir por el mundo conmoviéndome por cojudeces de esa índole, mis últimas palabras antes de apagar el micrófono y salir del aire, fueron chévere y suavecito.
Suelen preguntarles a los escritores cuándo fue que tomaron la decisión consciente de dedicarse a la escritura. Cuando me hacen esa pregunta, suelo mentir y decir tonterías de las que luego me río o me arrepiento. Hoy, sin embargo, recordé que cuando era niño jugaba a ser dj. Me di cuenta, además, de que las historias uno las crea con lápiz o computadora o máquina o cámara o música o mente y que, siendo dj, acaso sin sospecharlo, yo ya inventaba y mentía y reemplazaba este mundo idiota y feísimo por uno enteramente mío.
Si este breve fragmento es una involuntaria declaración de principios, sólo faltaría ponerle música de fondo. Me siento un poco extraño intentando un set en Nueva York, frente a la pantalla de esta Mac que no tiene botones ni pilas ni vida propia. Está nevando afuera. Los nudillos del viento tocan las ventanas de mi cuarto y ahora los únicos apagones de mi vida los traen las tormentas. No tengo micrófono ni audífonos pero sé que mis oyentes empezarán a llamar en cualquier momento.
Panic on the streets of London canta Morrissey cuando los Smiths era la única banda importante del planeta, y solo estoy esperando esa parte en que pide la horca para el dj por poner música que no le dice nada de su vida. Burn down the disco/ Hang the blessed dj/ Because the music that they constantly play/ It says nothing to me about my life..
La mentira, la ficción, las imágenes, la música. El dolor y la risa. El paso infatigable del tiempo. En esta estrofa mágica de "Panic" encuentro todo lo que he intentado explicarme esta noche antes de apagar mi computadora, clausurar mi programa imaginario, despedirme de mis oyentes y salir del aire para siempre.

(Diego Trelles está próximo a publicar una novela sobre esos años de nuestra generación jugando en apagones, torres caídas, brazos y piernas regados en las pistas cuando Sendero Luminoso nos tenía cercados. Un fragmento fue leído en las reuniones y cautivó a los oyentes, por su brutal hilvanación de una época sangrienta, en la voz de un soldado.)
Cuando era niño jugaba a ser dj. Tenía un micrófono negro, largo y flaco como un dedo en luto y uno de esos equipos Philips con doble casetera y sistema Dolby. Era un aparato menesteroso: una antena rota que yo había parchado con cinta adhesiva, el botón de REC completamente tieso después de tanto mix pirata y, al carecer de tapa, el cajoncito posterior de las baterías -que tenía vida propia- se esforzaba por hacer volar las pilas en medio de esos apagones cortesía de Sendero Luminoso que traían velas y vecinos aburridos a la cocina de mi casa.
No sé si tenía talento para mezclar música. Es muy probable que no porque yo imitaba a los djs de las radios peruanas y lo único que sabían estos pobres y necios hombres era amanerar la voz y decir chévere suavecito y, luego, programaban sin ningún remordimiento un tema de The Cure y después otro de Yuri o de Magneto, que en esa época eran bastante chéveres y suavecitos. No importaba: yo jugaba a ser dj y tenía mis casetes en el orden justo y, luego de poner música decente, solía charlar con mis oyentes imaginarios. No recuerdo haber sido nunca infeliz sino todo lo contrario.
Un día llegó el Heavy Metal a mi vida y decidí ser un dj metalero. Mi pelo creció. Empecé a ir a la avenida Colmena a comprar casetes con carátulas llenas de demonios y de cruces volteadas. Copiaba un programa llamado Guerra de Estrellas y solía enfrentar a Metallica con cualquier otro grupete de gritones que odiaran a Dios. Los oyentes ficticios llamaban y votaban y yo hacía que esta batalla fuera reñidísima hasta que triunfales, sobradísimos, con una canción del And justice for all.. llamada "One", que yo bailaba moviendo mi cabeza en círculos, los cuatro metallicos salían victoriosos de cuanto conflicto se les pusiera delante. Un día me di cuenta de que Metallica me daba dolor de cabeza y que ya me llegaba francamente al pincho. Me corté el pelo casi rapado. Hice que perdieran la Guerra de Estrellas hasta con Michael Bolton, pero no dejé de transmitir. Ya era un adolescente y seguía jugando a ser dj, pero este segundo acto no me duraría mucho.
El día que llegaron los cedés a hacer obsoleta y cómica mi colección de casetes piratas, y mi fiel equipo Philips con doble casetera y sistema Dolby decidió suicidarse por algo parecido al orgullo tecnológico, se acabaron mis maratónicas jornadas de dj. Recuerdo con mucho detalle mi último programa, porque mis oyentes llamaron para solidarizarse conmigo y desearme una vida dichosa. Sólo para joderlos, para que no pensaran que yo iba a ir por el mundo conmoviéndome por cojudeces de esa índole, mis últimas palabras antes de apagar el micrófono y salir del aire, fueron chévere y suavecito.
Suelen preguntarles a los escritores cuándo fue que tomaron la decisión consciente de dedicarse a la escritura. Cuando me hacen esa pregunta, suelo mentir y decir tonterías de las que luego me río o me arrepiento. Hoy, sin embargo, recordé que cuando era niño jugaba a ser dj. Me di cuenta, además, de que las historias uno las crea con lápiz o computadora o máquina o cámara o música o mente y que, siendo dj, acaso sin sospecharlo, yo ya inventaba y mentía y reemplazaba este mundo idiota y feísimo por uno enteramente mío.
Si este breve fragmento es una involuntaria declaración de principios, sólo faltaría ponerle música de fondo. Me siento un poco extraño intentando un set en Nueva York, frente a la pantalla de esta Mac que no tiene botones ni pilas ni vida propia. Está nevando afuera. Los nudillos del viento tocan las ventanas de mi cuarto y ahora los únicos apagones de mi vida los traen las tormentas. No tengo micrófono ni audífonos pero sé que mis oyentes empezarán a llamar en cualquier momento.
Panic on the streets of London canta Morrissey cuando los Smiths era la única banda importante del planeta, y solo estoy esperando esa parte en que pide la horca para el dj por poner música que no le dice nada de su vida. Burn down the disco/ Hang the blessed dj/ Because the music that they constantly play/ It says nothing to me about my life..
La mentira, la ficción, las imágenes, la música. El dolor y la risa. El paso infatigable del tiempo. En esta estrofa mágica de "Panic" encuentro todo lo que he intentado explicarme esta noche antes de apagar mi computadora, clausurar mi programa imaginario, despedirme de mis oyentes y salir del aire para siempre.
(Diego Trelles está próximo a publicar una novela sobre esos años de nuestra generación jugando en apagones, torres caídas, brazos y piernas regados en las pistas cuando Sendero Luminoso nos tenía cercados. Un fragmento fue leído en las reuniones y cautivó a los oyentes, por su brutal hilvanación de una época sangrienta, en la voz de un soldado.)
Ithaca I
La semana pasada se llevó a cabo el encuentro de escritores latinoamericanos menores de 40 años en Ithaca, Cornell University. La cita tuvo lugar en White House, una casa antigua y de arquitectura peligrosa, donde es fácil ponerse nostálgico, sin aparente motivo. Dicen que aquí en Cornell University se han suicidado muchos estudiantes. Me contaba Carlos Yushimito que ostenta el segundo lugar en muertes de este tipo en USA. No es extraño. Es un campus alejado de ciudades, separado incluso del tiempo por sus construcciones del siglo antepasado y con una vegetación hermosa y siniestra. Los alumnos no tienen mayor contacto con la gente de los pueblos aledaños y se dedican a sus abstracciones y a sus silenciosas frustaciones.
Un grupo de escritores bulliciosos se reunieron a conversar sobre el tan buscado asesinato de la novela.
Sponsors: Latin American Studies Program and Romance Studies Department
Co-sponsors: Deans of the College of Arts and Sciences, Society for the Humanities, Latino Studies Program, Alice Cook House, Keeton House.
September 23
A.D. White House
3:00 pm Opening Remarks: Edmundo Paz Soldán
3:15 pm (Non)Fiction Today
Chair: Melissa Figueroa
Carlos Labbé: “Sobre la necesidad apelativa de las nuevas narrativas latinoamericanas: intento de fusionar una crónica con un pedazo de novela”
Giovanna Rivero: “Berlin”
Diego Fonseca: “Belindia”
Santiago Vaquera-Vásquez: “Migration is the Story de my Lengua: Reflections desde Meshed America”
5:00 pm Across Genres and Languages I
Chair: Karen Benezra
Ernesto Quiñonez: El niño blanco
Rodrigo Hasbún: “Familia”
Mónica Ríos: ”Fotogramas de chanchos, conejos, ratas, pollos, momias, humanos”
Antonio Jimenez Morato: “Síntoma”
September 24
A.D. White House
9:00 am Continental Breakfast
9:30 am Trends in Contemporary Latin American Writing
Chair: Federico Fridman
Carlos Yushimito: “Monstruos y máquinas textuales: divagaciones sobre los cuerpos que escriben”
Salvador Raggio: “Raros, (ex)céntricos y fuerzas de choque: una ponencia sobre la ruptura”
Gustavo Faverón: “El ángel de la historia: un escritor del siglo XIX”
Luis Hernán Castañeda: “La comunidad efímera: sociedades secretas y círculos de artistas en la novela latinoamericana”
11:30 am Keynote Address
Álvaro Enrigue: “Métodos para fracasar con distinción”
1:00 pm Lunch
2:00 pm Works in Progress
Chair: Osvaldo de la Torre
Lina Meruane: “Sangre en el ojo”
Daniel Peña: “How To Cross a Border”
Rafael Acosta: “Conquistador”
Gustavo Llarull: “Fugue”
4:00 pm Across Genres and Languages II
Chair: Armando García
Liliana Colanzi: “Mordor”
Diego Trelles: “Panic”
Orlando Lara: “The Morning After”
Valeria Luiselli: “Los ingrávidos”
5:45 pm Closing Remarks: Debra Castillo
Suscribirse a:
Entradas (Atom)