sábado, 21 de abril de 2012

Llanto

Le temo a las cavidades oscuras donde fue engendrado mi monstruoso bebé.  Kenzaburo Oé, Una cuestión personal.
Estos días la prensa anuncia que han muerto aves mientras volaban. Dicen que han muerto por falta de oxígeno, que las corrientes cálidas las han confundido y llevado a una altura excesiva. Me las imagino cayendo, cediendo al vértigo, rebotando en el suelo. Imagino el crujido seco de sus esqueletos quebrándose, los ojos redondos aún abiertos, el pico altivo sobre el cemento. Para nosotros sería como caminar sin rumbo y encontrarnos en otro lugar, un espacio de entornos falsamente calmos, como una selva que te engulle mientras un terror repentino compite con los espasmos de la última bocanada. Pienso en las aves y prefiero pensar que se suicidaron, que dirigieron su mirada a la ciudad y la vieron crecer y crecer hasta quedar a oscuras.

En la noche el mar tiene luz propia, no es el reflejo de las estrellas ni de la luna. En cada ola que revienta hay una luz. Las estoy viendo ahora. Una ola, un diafragma que se eleva y exhala hasta desaparecer. Me humedece los pies y su espuma aparece como una marca efímera y ondulante. Una gaviota se para frente a mí, me mira y luego se repliega unos metros para comer los restos de una sandía. Hace rato que el sol quedó indefenso. Maritza me llama al teléfono.

El bebé no deja de llorar.

Hace días tomamos la decisión de dejar que nuestro bebé de cuatro meses muera. Venir a Cerro Azul, ver cómo lentamente nos abandona. Los tratamientos no iban a curarlo, las complicaciones por sus deformidades y los constantes problemas sistémicos lo irían debilitando, haciendo de su agonía una espera prolongada. Nuestro abogado dice que no tendremos problemas legales. Mi amigo, el médico, dijo que era lo mejor para los tres.

El bebé no deja de llorar. 

Recojo las sandalias y me alejo de la gaviota que sigue picoteando la sandía. Ahora es un buitre sobre un animal muerto. Camino sobre la arena, un balanceo de torpeza infantil. Al llegar al hotel, el encargado me ofrece la cena. No tengo hambre. Si el señor desea, podemos subirla a su habitación. Subo por las escaleras, estoy un poco mareado. Tras la puerta de nuestro cuarto oigo llorar a Maritza. Giro la llave y entro. Ella está parada frente al lavadero cortando una manzana en cuatro pedazos. Su mentón tiembla y sus labios se hacen cóncavos, su frente se arruga y las fosas de su nariz se dilatan mientras sus pestañas parecen abrazarse por la humedad de sus ojos.

El bebé no deja de llorar.

Mi esposa se lleva un gajo a la boca y lo mastica. Su cabello, ahora, esconde sus facciones al bajar la cabeza.

El llanto de nuestro hijo es una cicatriz apenas audible. Si pudiera, lo tomaría en mis brazos y lo llevaría de regreso a la clínica, le cantaría durante el trayecto y esperaría que los sedantes le hicieran efecto. Quieto él, nosotros funcionamos.

Esa noche dormimos abrazados. A veces despierto y la luz de la luna me enfrenta al pelo rizado de Maritza. Su hombro es un horizonte temido. Pienso que ella está mirando la pared y finge sosiego, pero no me atrevo a moverme.

En la mañana el bebé está quieto en su cápsula: un invernadero portátil que le permite respirar aire filtrado.

Tenemos que separarnos después de esto.

El sol dibuja formas sobre las sábanas y la mañana se levanta con un aleteo lleno de vida. Nuestro hijo ha empezado a llorar. Maritza lo mira y en su mirada hay una expresión de muñeco de madera. Sus ojos están hinchados y mis manos intentan calmarla. La abrazo. Hemos evitado hablar desde que llegamos.

El bebé no deja de llorar.

La tomo de la mano, la guío hasta la puerta, salimos del hotel y nos enfrentamos al tambaleo de la arena hasta llegar a la orilla de la playa. El trozo de sandía ha desaparecido y en su lugar han varado diminutas malaguas. Seguimos caminando hasta que el mar nos roza las rodillas. El bebé se parece a ti cuando llora.

El cielo no es humilde ni tiene aspecto avergonzado, las nubes son perros lanudos y felices.

Después de esto no debemos vernos más. Le doy un beso y hay algo de trágico en la sensación de sus labios, algo aterrador en mis manos que bordean sus mejillas.

El bebé deja de llorar.

miércoles, 26 de octubre de 2011

Forgetting by David Gray



Crawling then walking
Then running and sweating
Forgetting

Lying and cheating
Aiding and abetting
Forgetting

Itching and scratching
Punching and hitting
Forgetting, Forgetting, Forgetting
Forgetting

Reminding rewinding
Removing regretting
Forgetting

Your smiles at the wake and
Your tears at the wedding
Forgetting, Forgetting, Forgetting
Forgetting
Forgetting, Forgetting, Forgetting
Forgetting

Spellbound and hellbound
And caught in the netting
Forgetting

Wiping it clean
My mute Armageddon
Forgetting, Forgetting, Forgetting
Forgetting
Forgetting, Forgetting, Forgetting
Forgetting
Forgetting, Forgetting, Forgetting
Forgetting

jueves, 20 de octubre de 2011

Midnight Sun by Joe Capra

El dios es Banville (Recortes de Los Infinitos, John Banville)



Beckett se nota en la prosa de Banville pero de una forma lateral, se ha agregado la descripción pulida de Nabokov y la funcionalidad de las historias de Saul Bellow. Los infinitos, la última obra de John Banville peca de ingeniosa, sutil, profunda y nos sumerge a todos en su pecado, en su vasta luz mortecina.

Adam Godley, padre, está al borde de la muerte por una isquemia. Adam, hijo, y su esposa Helena han venido a visitarlos, así también un amigo de la familia, Roddy Wagstaff, que desea hacer una biografía del moribundo. Petra, hermana de Adam hijo, es una mujer atormentada por su imaginación, una suerte de Remedios, la bella, atrapada en sus propios ensueños y fijaciones. La esposa de Adam Godley padre es una mujer alcohólica y por momentos parece demente. La familia y Roddy se reúnen para presenciar la muerte del padre, así también dos seudo sirvientes, que viven cerca, Ivy y Duffy. Pero estos eventos, complicados ya, se vuelven aún más extraños por la visita de los dioses Zeus, Hermes y Pan. Zeus adopta formas humanas para acostarse con Helena, Pan en la forma de Benny Grace, amigo de Adam padre y Hermes que es el narrador “casi omnisciente” que logra internarse en los pensamientos de cada uno, pero que, cuando toma formas humanas no sabe lo que ocurre en la habitación continua.

El límite cuando tiende al infinito es una manera matemática de explicar este libro. Pero infinitos superpuestos es ya una forma poética, la teoría de la renormalización, que trabaja con varios infinitos a la vez, para entender esta desnormalización en la vida de esta familia. Estos dioses que juegan con las tragedias humanas sólo para hacer su insoportable existencia, viable. Pero en el fondo, los dioses envidian la fugacidad, la lealtad del amor imperfecto, la trivialidad de lo efímero: el ser humano, su propia creación.

“Para nosotros, los inmortales, no hay Cielo, ni Infierno, no hay arriba o abajo, sólo un infinito aquí, que es como no estar aquí. Piensa en eso” (pág. 15 la traducción es mía).

El narrador es Hermes, el que condujo a Príamo para rescatar el cuerpo de Héctor en el campamento de Aquiles. Hermes, durante el transcurso de un día, nos cuenta, a veces al oído, otras desde un podio, pero siempre con una minuciosidad y estética grandiosa, lo que ocurre con cada personaje y lo que los dioses quieren para sí mismos.

Nada en este libro es gratuito, esa es, quizás, la debilidad, una construcción tan esmerada tanto en la prosa como en los conflictos no puede ser leída sin la constante alerta de lo que significa el lado B. Por ejemplo, los nombres, Adam, el primer hombre, según la Biblia, siendo sacrificado y el hijo, que simboliza Jesucristo, sin afección por nada excepto la atracción a su esposa; o incluso el Dr. Fortuna, el médico de la familia, donde destruye la capacidad de la ciencia. Ciencia y religión destruidas. Sin mencionar Helena, Benny Grace, quien creo, al final su nombre alcanzará su verdadero significado. O el apellido de por sí, Godley, que mal podría ser traducido como Godlike o lo que se parece a dios o divinamente.

El entorno siempre se ve afectado por la falta de luz, dando a los personajes un efecto fantasmagórico. La luz siempre duda en entrar a las habitaciones.

“La luz cae desde el techo de vidrio como una lluvia silenciosa, indiferente, una cosa absorbida en otra, todo junto” (pág. 140)

“La luz del día parece dudar un momento antes de entrar” (pág. 144).



Guiños a Shakespeare y Nietzche. La fuerza de una prosa impresionante y no diseñada para impresionar. Esa voz de Hermes tan segura para contar los hechos y las explicaciones sobre su estancia, sobre los móviles de los dioses. “Entiendo tu escepticismo. ¿Por qué en tiempos como estos regresarían los dioses entre los humanos? Pero el hecho es que nunca nos fuimos, sólo nos dejaron de entretener” (pág 202).

Los infinitos resulta, por temática, una novela existencialista: habla de la muerte o la otredad como límites del individuo, y del amor como superación, quizás falsa pero consoladora.

Esta novela es, hasta el momento, la mejor que he leído este año. Sí, es demasiado ingeniosa y estilizada. Hay un trabajo minucioso y equilibrado. La historia parece, por momentos, que deja cabos sueltos; pero las imágenes y la prosa construyen, suplen, inyectan una creación magnífica ¿Serán estas las claves de una novela genial? Es probable.

miércoles, 19 de octubre de 2011

Ojos de pez abisal




En la Estación Central de Kioto, un ingeniero peruano establecido en el Japón, se reencuentra con su amigo huancaíno después de más de seis años. Con él llega el recuerdo doloroso del asesinato de su único hermano y la posterior desaparición de sus padres en un pueblo de los andes huancavelicanos por causa del terrorismo de los ochentas. Planean hacer turismo durante el fin de semana, pero el encuentro marcará el inicio de una historia que no esperaba vivir. Huancayo, Lima, Kioto y el ambiente previo al Mundial de Fútbol 2002 serán los escenarios de un gran descubrimiento que lo conducirán al difícil dilema de buscar justicia o buscar venganza en medio de la tortura de enfrentar recuerdos que creía haber dejado sepultados para siempre en el Perú.



Presentación: Viernes 21 de octubre del 2011, 7pm
Lugar: Auditorio del Colegio de Ingenieros del Perú, Av. Arequipa 4947, Miraflores
Presentan: Iván Thays, Christian Solano, Jorge Salcedo

jueves, 29 de setiembre de 2011

Nude




Don't get any big ideas
They're not gonna happen.

You paint yourself white
And fill up with noise
But there'll be something missing.

Now that you've found it, it's gone
Now that you feel it, you don't
You've gone off the rails.

So don't get any big ideas
They're not gonna happen.

You'll go to hell for what your dirty mind is thinking.

Panic*

*Diego Trelles. (Esta fue una de las lecturas en Cornell University)

Cuando era niño jugaba a ser dj. Tenía un micrófono negro, largo y flaco como un dedo en luto y uno de esos equipos Philips con doble casetera y sistema Dolby. Era un aparato menesteroso: una antena rota que yo había parchado con cinta adhesiva, el botón de REC completamente tieso después de tanto mix pirata y, al carecer de tapa, el cajoncito posterior de las baterías -que tenía vida propia- se esforzaba por hacer volar las pilas en medio de esos apagones cortesía de Sendero Luminoso que traían velas y vecinos aburridos a la cocina de mi casa.

No sé si tenía talento para mezclar música. Es muy probable que no porque yo imitaba a los djs de las radios peruanas y lo único que sabían estos pobres y necios hombres era amanerar la voz y decir chévere suavecito y, luego, programaban sin ningún remordimiento un tema de The Cure y después otro de Yuri o de Magneto, que en esa época eran bastante chéveres y suavecitos. No importaba: yo jugaba a ser dj y tenía mis casetes en el orden justo y, luego de poner música decente, solía charlar con mis oyentes imaginarios. No recuerdo haber sido nunca infeliz sino todo lo contrario.

Un día llegó el Heavy Metal a mi vida y decidí ser un dj metalero. Mi pelo creció. Empecé a ir a la avenida Colmena a comprar casetes con carátulas llenas de demonios y de cruces volteadas. Copiaba un programa llamado Guerra de Estrellas y solía enfrentar a Metallica con cualquier otro grupete de gritones que odiaran a Dios. Los oyentes ficticios llamaban y votaban y yo hacía que esta batalla fuera reñidísima hasta que triunfales, sobradísimos, con una canción del And justice for all.. llamada "One", que yo bailaba moviendo mi cabeza en círculos, los cuatro metallicos salían victoriosos de cuanto conflicto se les pusiera delante. Un día me di cuenta de que Metallica me daba dolor de cabeza y que ya me llegaba francamente al pincho. Me corté el pelo casi rapado. Hice que perdieran la Guerra de Estrellas hasta con Michael Bolton, pero no dejé de transmitir. Ya era un adolescente y seguía jugando a ser dj, pero este segundo acto no me duraría mucho.

El día que llegaron los cedés a hacer obsoleta y cómica mi colección de casetes piratas, y mi fiel equipo Philips con doble casetera y sistema Dolby decidió suicidarse por algo parecido al orgullo tecnológico, se acabaron mis maratónicas jornadas de dj. Recuerdo con mucho detalle mi último programa, porque mis oyentes llamaron para solidarizarse conmigo y desearme una vida dichosa. Sólo para joderlos, para que no pensaran que yo iba a ir por el mundo conmoviéndome por cojudeces de esa índole, mis últimas palabras antes de apagar el micrófono y salir del aire, fueron chévere y suavecito.

Suelen preguntarles a los escritores cuándo fue que tomaron la decisión consciente de dedicarse a la escritura. Cuando me hacen esa pregunta, suelo mentir y decir tonterías de las que luego me río o me arrepiento. Hoy, sin embargo, recordé que cuando era niño jugaba a ser dj. Me di cuenta, además, de que las historias uno las crea con lápiz o computadora o máquina o cámara o música o mente y que, siendo dj, acaso sin sospecharlo, yo ya inventaba y mentía y reemplazaba este mundo idiota y feísimo por uno enteramente mío.

Si este breve fragmento es una involuntaria declaración de principios, sólo faltaría ponerle música de fondo. Me siento un poco extraño intentando un set en Nueva York, frente a la pantalla de esta Mac que no tiene botones ni pilas ni vida propia. Está nevando afuera. Los nudillos del viento tocan las ventanas de mi cuarto y ahora los únicos apagones de mi vida los traen las tormentas. No tengo micrófono ni audífonos pero sé que mis oyentes empezarán a llamar en cualquier momento.
Panic on the streets of London canta Morrissey cuando los Smiths era la única banda importante del planeta, y solo estoy esperando esa parte en que pide la horca para el dj por poner música que no le dice nada de su vida. Burn down the disco/ Hang the blessed dj/ Because the music that they constantly play/ It says nothing to me about my life..

La mentira, la ficción, las imágenes, la música. El dolor y la risa. El paso infatigable del tiempo. En esta estrofa mágica de "Panic" encuentro todo lo que he intentado explicarme esta noche antes de apagar mi computadora, clausurar mi programa imaginario, despedirme de mis oyentes y salir del aire para siempre.



(Diego Trelles está próximo a publicar una novela sobre esos años de nuestra generación jugando en apagones, torres caídas, brazos y piernas regados en las pistas cuando Sendero Luminoso nos tenía cercados. Un fragmento fue leído en las reuniones y cautivó a los oyentes, por su brutal hilvanación de una época sangrienta, en la voz de un soldado.)

Ithaca I



La semana pasada se llevó a cabo el encuentro de escritores latinoamericanos menores de 40 años en Ithaca, Cornell University. La cita tuvo lugar en White House, una casa antigua y de arquitectura peligrosa, donde es fácil ponerse nostálgico, sin aparente motivo. Dicen que aquí en Cornell University se han suicidado muchos estudiantes. Me contaba Carlos Yushimito que ostenta el segundo lugar en muertes de este tipo en USA. No es extraño. Es un campus alejado de ciudades, separado incluso del tiempo por sus construcciones del siglo antepasado y con una vegetación hermosa y siniestra. Los alumnos no tienen mayor contacto con la gente de los pueblos aledaños y se dedican a sus abstracciones y a sus silenciosas frustaciones.

Un grupo de escritores bulliciosos se reunieron a conversar sobre el tan buscado asesinato de la novela.

Sponsors: Latin American Studies Program and Romance Studies Department
Co-sponsors: Deans of the College of Arts and Sciences, Society for the Humanities, Latino Studies Program, Alice Cook House, Keeton House.

September 23
A.D. White House

3:00 pm Opening Remarks: Edmundo Paz Soldán

3:15 pm (Non)Fiction Today
Chair: Melissa Figueroa

Carlos Labbé: “Sobre la necesidad apelativa de las nuevas narrativas latinoamericanas: intento de fusionar una crónica con un pedazo de novela”

Giovanna Rivero: “Berlin”

Diego Fonseca: “Belindia”

Santiago Vaquera-Vásquez: “Migration is the Story de my Lengua: Reflections desde Meshed America”

5:00 pm Across Genres and Languages I
Chair: Karen Benezra

Ernesto Quiñonez: El niño blanco

Rodrigo Hasbún: “Familia”

Mónica Ríos: ”Fotogramas de chanchos, conejos, ratas, pollos, momias, humanos”

Antonio Jimenez Morato: “Síntoma”

September 24
A.D. White House

9:00 am Continental Breakfast

9:30 am Trends in Contemporary Latin American Writing
Chair: Federico Fridman

Carlos Yushimito: “Monstruos y máquinas textuales: divagaciones sobre los cuerpos que escriben”

Salvador Raggio: “Raros, (ex)céntricos y fuerzas de choque: una ponencia sobre la ruptura”

Gustavo Faverón: “El ángel de la historia: un escritor del siglo XIX”

Luis Hernán Castañeda: “La comunidad efímera: sociedades secretas y círculos de artistas en la novela latinoamericana”

11:30 am Keynote Address
Álvaro Enrigue: “Métodos para fracasar con distinción”

1:00 pm Lunch

2:00 pm Works in Progress
Chair: Osvaldo de la Torre

Lina Meruane: “Sangre en el ojo”

Daniel Peña: “How To Cross a Border”

Rafael Acosta: “Conquistador”

Gustavo Llarull: “Fugue”


4:00 pm Across Genres and Languages II
Chair: Armando García

Liliana Colanzi: “Mordor”

Diego Trelles: “Panic”

Orlando Lara: “The Morning After”

Valeria Luiselli: “Los ingrávidos”

5:45 pm Closing Remarks: Debra Castillo

sábado, 17 de setiembre de 2011

Carta al pasado



Nevó demasiado anoche y hoy no pude sacar el carro para hacer mis visitas. Luego la temperatura congeló lo poco que había de humedad durante la madrugada. Una capa delgada y tiesa, brillante y compacta laminó la superficie de todo. Y los vientos del norte, han inundado el paisaje con su ruido hondo y la sensación de una quietud incómoda. Sí, hay cierta belleza, la soledad intensa y blanca, un cuadro pintado con la obsesión del detalle. Arboles con los dedos cristalinos. Uno se pone a pensar, alguien tiene que estar muy enfermo para crear tanta prolijidad en lo nimio. O muy aburrido con la eternidad.

Me apena no ir a trabajar. Yo que quise siempre ser escritor y ahora vivo la ficción de otros. Es un trabajo que paga bien, llevar la puesta en escena al espectador, en su casa, sus fantasías, escarbar su ternura, ahuyentar el miedo. Que se sirvan del cuerpo de uno.

Por eso te escribo, ayer me trasnoché viendo un programa. Hacen avances interesantes sobre los universos paralelos. Para cuando se tenga una mejor concepción estaré muerto. En este universo al menos. Hay vacuidades irresueltas entre el tiempo y el espacio. Así explican. Bifurcaciones que hacen posible alterarlos, rescatar las corrientes del pasado y reescribirlo para aumentar, para evitar. Ay, los seres humanos y esa convicción de creer corregirse.



Dicen que van a empezar a mandar objetos al pasado, unas cápsulas que van acelerando hasta hacerlas desaparecer, ya en Suiza, hace 20 años hacían estas pruebas. Sensores que registren los otros universos. Por eso te escribo esta carta, para que sepas que pasará contigo si tomas las mismas decisiones. No sé por qué te trato en segunda persona si somos el mismo. Debe ser la lejanía que quiero aparentar.

Te cuento que hace un par de semanas cumplí 52 años. Todavía voy al gimnasio a nadar tres veces por semana y los demás días corro en la máquina. Dejando un día, me llaman a trabajar. Tú decide ahora si es un buen trabajo o no. Se trata de pacientes con Alzheimer, no, todavía no encuentran la cura, pero hay terapias extraordinarias que los mantienen felices y a los familiares tranquilos.

Las llaman esterilizaciones. Reprograman su mente con sus propios recuerdos y yo soy parte de ellos. Te dan un rol: padre, hijo, esposo, amigo; usan mi cara, mi cuerpo y yo voy y cumplo las labores que ellos necesitan para hilvanar esos recuerdos. Voy a sus casas y hacemos las grabaciones para el próximo tratamiento.

Cuando sus familiares quieren dejar al paciente en cuidados de nuestra organización es que empiezan los experimentos. Empezamos a crearles realidades distintas a las que vivieron. Esto parece disminuir el avance de la enfermedad. Les reconstruimos la vida con anhelos, esperanzas de tapiz, trabajos que ellos disfrutan, se los ve felices. Se ha creado una comunidad con estos pacientes.

Hace 20 años tenías la convicción de que solo, estarías mejor. Tu divorcio y la pérdida de tu hija habían terminado con cualquier vestigio de ilusión. Pues, cinco años después, tuviste la oportunidad de casarte otra vez, pero no lo hiciste. Ella te adoraba y tú no parabas de hablar riendo cada vez que estaban juntos. No sé si hubiera resultado. Eso, yo, nunca lo sabré.

Sólo quiero decirte que envidio a esos pacientes.

miércoles, 14 de setiembre de 2011

El faro



Lo que hace Genaro es horrible. Se sirve de armas imprevistas. Nuestra situación se vuelve asquerosa.

Ayer, en la mesa, nos contó una historia de cornudo. Era en realidad graciosa, pero como si Amelia y yo pudiéramos reírnos, Genaro la estropeó con sus grandes carcajadas falsas. Decía: "¿Es que hay algo más chistoso?" Y se pasaba la mano por la frente, encogiendo los dedos, como buscándose algo. Volvía a reír: "¿Cómo se sentirá llevar cuernos?" No tomaba en cuenta para nada nuestra confusión.

Amelia estaba desesperada. Yo tenía ganas de insultar a Genaro, de decirle toda la verdad a gritos, de salirme corriendo y no volver nunca. Pero como siempre, algo me detenía. Amelia tal vez, aniquilada en la situación intolerable.

Hace ya algún tiempo que la actitud de Genaro nos sorprendía. Se iba volviendo cada vez más tonto. Aceptaba explicaciones increíbles, daba lugar y tiempo para nuestras más descabelladas entrevistas. Hizo diez veces la comedia del viaje, pero siempre volvió el día previsto. Nos absteníamos inútilmente en su ausencia. De regreso, traía pequeños regalos y nos estrechaba de modo inmoral, besándonos casi el cuello, teniéndonos excesivamente contra su pecho. Amelia llegó a desfallecer de repugnancia entre semejantes abrazos.

Al principio hacíamos las cosas con temor, creyendo correr un gran riesgo. La impresión de que Genaro iba a descubrirnos en cualquier momento, teñía nuestro amor de miedo y de vergüenza. La cosa era clara y limpia en este sentido. El drama flotaba realmente sobre nosotros, dando dignidad a la culpa. Genaro lo ha echado a perder. Ahora estamos envueltos en algo turbio, denso y pesado. Nos amamos con desgana, hastiados, como esposos. Hemos adquirido poco a poco la costumbre insípida de tolerar a Genaro. Su presencia es insoportable porque no nos estorba; más bien facilita la rutina y provoca el cansancio.

A veces, el mensajero que nos trae las provisiones dice que la supresión de este faro es un hecho. Nos alegramos Amelia y yo, en secreto. Genaro se aflige visiblemente: "¿A dónde iremos?", nos dice. "¡Somos aquí tan felices!" Suspira. Luego, buscando mis ojos: "Tú vendrás con nosotros, a dondequiera que vayamos". Y se queda mirando el mar con melancolía.



JJA

jueves, 25 de agosto de 2011

Lo peor del amor



Lo peor del amor cuando termina
son las habitaciones ventiladas,
el solo de pijamas con sordina
la adrenalina en camas separadas.

Lo malo del después son los despojos
que embalsaman los pájaros del sueño,
los teléfonos que hablan con los ojos,
el sístole sin diástole ni dueño.

Lo más ingrato es encalar la casa,
remendar las virtudes veniales,
condenar a galeras los archivos.

Lo atroz de la pasión es cuando pasa,
cuando al punto final de los finales
no le siguen dos puntos suspensivos…

JS


viernes, 19 de agosto de 2011

Float on, Modest Mouse



I backed my car into a cop car, the other day.
Well he just drove off, sometimes life's ok.
I ran my mouth off a bit too much, oh what did I say.
Well you just laughed it off, it was all ok.

And we'll all float on, ok.
And we'll all float on, ok.
And we'll all float on, ok.
And we'll all float on any way, well.

A fake Jamaican took every last dime with a scam.
It was worth it just to learn some sleight-of-hand.
Bad news comes don't you worry even when it lands.
Good news will work its way to all them plans.
We both got fired on exactly the same day.
Well we'll float on good news is on the way.

And we'll all float on, ok.
And we'll all float on, ok.
And we'll all float on, ok.
And we'll all float on, alright.
Already we'll all float on.
No, don't you worry, we'll all float on.
Alright, already, we'll all float on.
Alright, don't worry, we'll all float on.

Alright already we'll all float on.
Alright already we'll all float on.
Alright don't worry even if things end up a bit too heavy.
We'll all float on...alright. Already we'll all float on.
Alright already we'll all float on, ok.
Don't worry we'll all float on.
Even if things get heavy, we'll all float on.

Alright already we'll all float on.
(Alright)
Don't you worry we'll all float on.
(Alright)
All float on....

jueves, 18 de agosto de 2011

El Cubismo de Girondo





"Croquis en la arena"

La mañana se pasea en la playa empolvada de sol.

Brazos.
Piernas amputadas.
Cuerpos que se reintegran.
Cabezas flotantes de caucho.

Al tornearles los cuerpos de las bañistas, las olas alargan sus virutas sobre el aserrín de la playa.

¡Todo es oro y azul!

La sombra de los toldos. Los ojos de las chicas que se inyectan novelas y horizontes. Mi alegría, de zapatos de goma, que me hace rebotar sobre la arena.

Por ochenta centavos, los fotógrafos venden los cuerpos de las mujeres que se bañan.

Hay quioscos que explotan la dramaticidad de la rompiente. Sirvientas cluecas. Sifones irascibles, con extracto de mar. Rocas de pechos algosos de marinero y corazones pintados de esgrimista. Bandadas de gaviotas, que fingen el vuelo destrozado de un pedazo blanco de papel.

¡Y ante todo está el mar!

¡El mar!... ritmo de divagaciones. ¡El mar! Con su baba y su epilepsia.

Nada es crucial



¿Cómo se combate la no aceptación? ¿Qué se hace con una vida sin nada importante que contar? Lecu busca extraviarse en los buses, Maggie en sí misma; ambos ansían los bordes para encontrarse. Son dos vidas contadas en paralelo para explicar cómo se puede sobrevivir ante la violencia del espejo. Maggie se cuestiona hacia el interior, Lecu busca avanzar y transformarse en lo cotidiano. Ambos personajes son los únicos que tienen nombres, y estos son diminutivos, falsos. No pasa nada crucial, ni bueno, ni malo. El humor lleva a lo trágico y el amor es un analgésico, nada más.

Nada es crucial es una novela que deja ver este mundo. Pablo Gutierrez (España 1978) forma parte de Granta y profesor de lingüística. Dice que la madurez es la constante renuncia a las cosas que nos gustan. Sus libros crean un mundo donde las mujeres siempre ganan, donde los hombres tienen problemas con crecer. ¿Cien años de soledad?
Le gusta Bruce Springsteen porque, dice, en sus conciertos se pasa por una variedad de emociones. Tristeza y humor deben ir juntos. Deben.



miércoles, 10 de agosto de 2011

Oda a las cosas rotas




Se van rompiendo cosas
en la casa
como empujadas por un invisible
quebrador voluntario:
no son las manos mías,
ni las tuyas,
no fueron las muchachas
de uña dura
y pasos de planeta:
no fue nada y nadie,
no fue el viento,
no fue el anaranjado mediodía
ni la noche terrestre,
no fue ni la nariz ni el codo,
la creciente cadera,
el tobillo,
ni el aire:
se quebró el plato, se cayó la lámpara,
se derrumbaron todos los floreros
uno por uno, aquél
en pleno octubre
colmado de escarlata,
fatigado por todas las violetas,
y otro vacío
rodó, rodó, rodó
por el invierno
hasta ser sólo harina
de florero,
recuerdo roto, polvo luminoso.
Y aquel reloj
cuyo sonido
era
la voz de nuestras vidas,
el secreto
hilo
de las semanas,
que una a una
ataba tantas horas
a la miel, al silencio,
a tantos nacimientos y trabajos,
aquel reloj también
cayó y vibraron
entre los vidrios rotos
sus delicadas vísceras azules,
su largo corazón
desenrollado.

La vida va moliendo
vidrios, gastando ropas,
haciendo añicos,
triturando
formas,
y lo que dura con el tiempo es como
isla o nave en el mar,
perecedero,
rodeado por los frágiles peligros,
por implacables aguas y amenazas.

Pongamos todo de una vez, relojes,
platos, copas talladas por el frío,
en un saco y llevemos
al mar nuestros tesoros:
que se derrumben nuestras posesiones
en un solo alarmante quebradero,
que suene como un río
lo que se quiebra
y que el mar reconstruya
con su largo trabajo de mareas
tantas cosas inútiles
que nadie rompe
pero se rompieron.

(NR)


lunes, 1 de agosto de 2011

Margueritte



De Germaine Chazes, su profesor de la escuela decía que le faltaba un tornillo. Otros dirían que era bobo o le faltaba un hervor. O más sofisticadamente, que es un border line. A sus 45 años vive en una tienda de campaña en el jardín de la casa familiar porque no se entiende con su madre. Pero el encuentro con una anciana en el parque, a donde acude a contar las palomas, cambia su vida. Ella, con dulzura y paciencia, le lee fragmentos de libros, actividad que lo hará crecer en pocos meses más que en muchos años de vida.

La película está dirigida por Jean Becker y cuenta con los extraordinarios actores: Gerard Depardieu y Gisele Casadesus. Una película que no es original pero sí muy honesta, no recarga lo sentimental con demasiados clichés.

domingo, 24 de julio de 2011

Correr



Jean Echenoz (Orange 1947) publicó el año pasado Correr (Anagrama), novela sobre el checoslovaco Emil Zátopek (1922-2000) que ganó en los Juegos olímpicos, Helsinki 1952, tres medallas de oro en 10 días (5000 m, 10000 m y la maratón), hasta ahora nadie ha superado esta hazaña.

Rara vez se encuentra un libro en donde los personajes no estén íntimamente relacionados con escritores o que algo de su carácter se explique por medio de alguna obra literaria, por lo que leen y repiten en sus ensoñaciones. Es natural, los escritores escriben casi siempre sobre lo que viven y gran parte es la lectura. Por eso resulta refrescante encontrarse con libros que están fuera de la escena literaria donde sus personajes no son lectores compulsivos o no se apoyan en conceptos literarios. Es el caso de este campeón que vivió bajo países autoritarios, como la Alemania nazi y luego el socialismo ruso. No es gratuito que sea un corredor, a pesar que este personaje existió y fue atleta, cuando es llevado a la ficción, correr es escapar, según se dice, Emil tenía una técnica pésima, lo que puede ser explicado únicamente como la urgencia de liberarse. Corría para huir de la dictadura.



“Emil corre contra su decadencia, y sonríe. Incluso en las minas de uranio adonde lo destie¬rran porque ha apoyado a Dubcek”.

El libro no es una biografía, sostiene el autor, no me entrevisté con personas que lo conocían. Sólo investigué lo que la prensa publicaba de él, eso era suficiente para construir un personaje novelesco, como cuando ya retirado, fue puesto a trabajar como basurero por el gobierno soviético.

Es el segundo libro que escribe sobre personajes famosos. El primero fue Ravel, el próximo será sobre Nikola Tesla. Dice que incluso en Correr, donde ventila un tema que nunca fue de su interés, el deporte, siente que sus personajes están vinculados a un gran tema: la soledad.

Dice que lo único que le hubiera gustado preguntarle a Zápotek es si su expresión atormentada era real.

Aquí un extracto:

“Hay corredores que parecen volar, otros bailar, otros parecen avanzar sentados sobre las piernas. Algunos dan tan sólo la impresión de ir lo más rápido posible donde acaban de llamarlos. Emil, nada de todo eso. Emil parece que se encoja y desencoja como si cavara, como en trance. Lejos de los cánones académicos y de cualquier prurito de elegancia, Emil avanza de manera pesada, discontinua, torturada, a intermitencias. No oculta la violencia de su esfuerzo, que se trasluce en su rostro crispado, tetanizado, gesticulante, continuamente crispado por un rictus que resulta ingrato a la vista. Sus rasgos distorsionan, como desgarrados por un horrible sufrimiento, la lengua intermitente, como si tuviera un escorpión alojado en cada zapatilla de deporte”.

lunes, 18 de julio de 2011

La constante agonía de los sueños truncos (recortes de Blanco nocturno, Ricardo Piglia, Anagrama)



Blanco nocturno ha sido galardonada con dos premios: el de la Crítica (que otorga la Asociación Española de Críticos Literarios) y el Rómulo Gallegos (que otorga el Gobierno de la República Bolivariana de Venezuela).

He leído algunas reseñas poco favorables sobre esta novela. Desde las críticas a la editorial por algunos errores de impresión (‘clerigman’ pág. 226 o ‘Bleack House’ pág. 270, cita de la novela de Dickens) hasta los comentarios de una débil segunda parte donde aparecen nuevos personajes para remediar los frentes abiertos de la primera. O que deberían ser dos novelas separadas, o que el final no debería ser abierto.

Primero unas líneas sobre la historia. Sofía y Ada son gemelas y en uno de sus paseos por Estados Unidos conocen a un boricua negro llamado Tony Durán, tienen un romance en Atlantic City que termina cuando una de ellas regresa a Argentina. Tony las sigue a su pueblo (posiblemente Adrogué, ciudad natal del autor) donde es asesinado, según se sospecha para robarle una gran cantidad de dinero. El comisario Croce empieza a investigar la causa de la muerte y se encuentra con la turbia historia familiar de las hermanas Belladona, la relación extraña con el padre y con los dos hermanos, Luca y Lucio, que está muerto. Luca luchando con un embargo para no perder la fábrica donde realiza sus inventos. Un reportero llega de Buenos Aires, el ya conocido en otras de sus obras, Renzi, quien se alía con Croce para descubrir la verdad del asesinato.

Hasta ahí los ingredientes de una novela negra. Pero basta con pasar las hojas para darse cuenta que esta obra es tambié metaliteraria (relación Kafka, Dickens, Melville, entre otros). No busca en primera instancia resolver la muerte de Tony Duran, sino colocarnos en un nivel impresionista de una sociedad corrupta, pero con una prosa extraordinaria y fascinante.

Es una crítica a la sociedad de los talentosos y los esforzados, un orden más pegado al azahar que a la constancia. Como la historia del Manco, jugador de tenis. Uno tiene talento para hacer algo, pero no puede hacerlo. Donde Renzi le responde, en general mis amigos tienen tanto talento que ni siquiera les hace falta hacer nada.

Es cierto que al avanzar en la novela uno siente que la historia pierde fuerza cuando ingresa en la segunda parte, pero la prosa está tan bien lograda que la intensidad no disminuye. Las sospechas de un final mediocre se desvanecen en las últimas páginas. Yo no creo que sea un final abierto. Uno cierra el libro y la primera impresión parece indicar eso. Pero después de un tiempo de reflexión, la verdad llega contundente. Ha estado ahí desde el principio. El motivo del asesinato y el/la que lo planea se hilvana como una historia que apenas se deja entrever a lo largo de la novela.

La clave está en el dibujo que Croce muestra. La alusión al conejo iluminado en la noche por los faros (pág. 149). El blanco nocturno. La visión nocturna de los ingleses, la luz mala (pág. 159). “Comprender –dijo cuando salió de ahí- no es descubrir hechos, ni extraer inferencias lógicas, ni menos todavía construir teorías, es sólo adoptar el punto de vista adecuado para percibir la realidad (pág. 178)”.

Creo que hay ciertos escritores que confían en su prosa para sacar adelante una historia que saben floja. Hay otros que cuentan buenas historias pero se olvidan de la estética en contarlas. Piglia hace un buen balance entre las dos. Confieso que por momentos puede hacer referencias a otros autores dando un efecto ampuloso, esto ya es un gusto personal. Aunque autores que disfruto como Borges, Umberto Eco, Perec, Pynchon, Vila-Matas, o en el caso nuestro, Iván Thays; usan también este recurso para alertar al lector en ser extremadamente cuidadoso. La riqueza de estos escritores es indudable, pero cuando abren la puerta a otros escritores dentro de la historia, uno se prepara para reconocer las posibles interpretaciones, los símbolos y las inteligentes elucubraciones. Hay una riqueza literaria indiscutible, no se otorga ninguna frase gratuita.



Blanco nocturno va desde Homero hasta el realismo mágico de García Márquez, o Faulkner, pasando por la Biblia. Basta con la parte donde narra el accidente del padre de las gemelas, donde se fabrican historias de la causa: manga de langostas que lo botó del caballo, polvo con paraguaya que lo mantuvo con vida porque le dio respiración boca a boca sin ella darse cuenta, o porque pensaba que lo estaban envenenando; para reconocer a Macondo o Yoknapatawpha.

Algunos personajes cargan con el estereotipo de la novela policial y los símbolos de sus oficios. Tenemos a Cueto, el fiscal malo y corrupto; un secretario que ha sido seminarista y termina como bastión de Luca; Croce, el comisario inteligente e intuitivo cuyo perro está torcido, como la verdad que él presenta pero que la sociedad no acepta; el solitario y débil mental Luca; el periodista de la capital, Renzi, culto y aniñado. Y por supuesto, el periodista del pueblo que es miope, como el periodista torpe de La guerra del fin del mundo.

La tensión sexual entre hombres es clara, pero no se explota, se esconde, se trata de ocultar, incluso. Entre Renzi y Croce (pág. 111), se dice poco; entre la del japonés y el boricua sólo por acusaciones. El homosexualismo es todavía, o debe ser, una práctica indecente.

Me deja en duda las alusiones poéticas a la cocaína, debe ser un hábito de Renzi. “Blancura incierta de la sal de la vida (pág. 145)”.

Piglia hace uso de un narrador triple. Un omnisciente comprometido con los personajes principales, otro que se fabrica entre la conversación entre Sofía y Renzi, el que menos me gusta, porque a veces parece que los personajes lo sorprenden y el último, uno que se agazapa en el pie de página abriendo luces e interviniendo con sutileza.

Notable es también la relación que surge entre la naturaleza y los personajes. “La naturaleza sólo produce destrucción y caos, aísla a la gente, cada gaucho es un Robinson que cabalga por el campo como una sombra. Sólo pensamientos aislados, solitarios, livianos como alambre de enfardar, pesados como bolsas de maíz, nadie puede salir, todos atados al desierto, se largan a caballo a recorrer su propiedad a ver si los postes del alambrado están sanos, si los animales siguen cerca de la aguada, si se viene al tormenta; al atardecer cuando vuelven a las casas, están embrutecidos por el aburrimiento y el vacío (pág. 119)”. Es una relación destructiva, para los hombres, no así para las mujeres.

Uno de los temas centrales es el hombre de principios que se destruye asimismo en búsqueda de la verdad. La locura es síntoma de genialidad. Los locos del manicomio que repiten frases de Esperando a Godot.



Como algunos han mencionado, Piglia forja una novela en la ficción paranoica. Todos son sospechosos, todos se sienten perseguidos. “Todos están atormentados por su conciencia (pág. 217)”.

Aquí algunos de los recortes que más me gustaron:

“La última luz de marzo entraba cortada por las rejas de la ventana y afuera el campo tendido se disolvía, como si fuera de agua, en el atardecer (pág. 54)”.

“Croce y Saldías se pararon junto al cadáver con esa extraña complicidad que se establece entre dos hombres que miran juntos a un muerto (pág. 58)”.

“Los sirvientes sólo tienen, para sobrevivir, la aceptación de los demás (pág. 76)”.

“No hay que intentar explicar lo que pasó, sólo hay que hacerlo comprensible (pág. 107)”.

“Si uno piensa en el pasado es porque ya perdió la pasión (pág. 133).” Aunque mi amigo S. me dijo que es de Heráclito.

“Hace falta más tiempo para rememorar que para vivir (pág. 143)”.

“En estos pueblos de campo, cerrados como un gallinero, aislados de todo, como usted se imagina, la gente delira un poco para no morir de tedio (pág. 204)”.

“Se habían quedado en silencio. Una mariposa nocturna giraba sobre los focos con la misma decisión con que un animal sediento busca el agua en un charco. Al fin golpeó contra la lámpara encendida y cayó al piso, medio chamuscada. Un polvillo anaranjado ardió un instante en el aire y luego se disolvió como el agua en el agua (pág. 214)”.

Esta última es particularmente esencial para desentrañar la historia.

Blanco nocturno ha sido, sin duda, uno de los libros que más he disfrutado en lo que va del año.