miércoles, 17 de diciembre de 2008

Sandro y Nicolás


La puerta se cierra en el mismo instante que la oscuridad del jueves entra por la ventana y él se encuentra, una vez más, solo. Recuerda lo que había soñado la noche anterior, cuando pensaba que ya había muerto y que aquel sueño era el proemio a una nueva dimensión. La dimensión que había imaginado con mucha luz, con mucha paz y con un anciano gigante de facciones arias y mirada cálida, abundante barba color lino, de brazos abiertos en horizontal infinito, a punto de estrecharlo. Pero no era así. Su sueño estaba lleno de agua. Un diluvio recalcitrante y trastocado que lo apretujaba con la presión de mil atmósferas sobre su pecho, sobre sus maltrechas costillas incompletas debido a la operación, y que encontraban refugio en el espacio dejado por el pulmón que había perdido a manos de un cirujano más parecido a mecánico de carros viejos que a cualquier respetable galeno. Una inundación titánica que se llevaba hasta el heroico puente de Puerto Nuevo, en Ñaña, aquel puente mágico que había resistido con una sabiduría barroca y la personalidad adquirida por sus supersticiosos constructores, incontables huaicos y embates de la naturaleza despiadada y ensañada contra la dignidad que poseen dichas construcciones antiguas y partícipes de una cosmética propia del paisaje. El agua ingresaba por sus fosas nasales, por su boca, por la herida abierta de la operación, amainando sus cabellos de erizo y haciendo aletear sus enormes orejas de elefante hindú. Y sentía como le inundaba hasta sus profundos miedos y desdichas humanas. Y sentía como le descoloraba la pigmentación café convirtiéndolo en un espectro pálido y casi traslúcido, roído, muerto.


Cuando despertó de aquel espectáculo, era jueves de mañana, tenía la sed más densa y desesperante de su vida. La enfermera se acercó con arrugas en vez de ojos. Lo miró sin ánimo, le dijo algo que él no entendió. Tuvo ganas de llorar. Lo intentó, pero sus sollozos eran meros suspiros huecos y secos. Sintió que tenía dos bocas y que la que siempre había tenido no le servía para nada. La traqueotomía pensó. Le dio más miedo. Intentó hablar, una lágrima rodó por su mejilla. Es una gota del sueño pensó, yo ya no tengo agua. Planificó moverse pero tuvo miedo en desmoronarse interiormente. Se preguntó por un momento si podría ir a la playa con esa cicatriz que iba desde su hombro hasta la altura del riñón y que ahora era una sensación fría que de alguna forma le producía un terror insoportable. ¿Jugaría básquetbol? ¿Le podría hacer el amor a Claudia? ¿Viviría?

La sed era insoportable. Lo ahogaba. Entró su madre con la expresión propia de haber descubierto la forma de levitar. Y le publicó una sonrisa a Sandro sin mover los labios. Sandro la abrazó con todas sus fuerzas sin tocarla y se dejó llevar en lágrimas que venían importadas de su sueño. Le señaló con la mano que quería agua. Su madre mojó un algodón y le humedeció los labios. Al rato entro Nicolás.

Nicolás Y Sandro habían sido amigos desde la infancia. Sandro al ver el semblante de Nicolás, sintió culpabilidad de haberle propinado a su amigo esa expresión de angustia y profundo dolor. Sintió la necesidad de pedirle disculpas por haberse enfermado. Por haber dejado de pintar aquella vieja casa juntos, escuchando a Queen y música trova, en el viejo tocadiscos de la abuela. Ese trabajo lo realizaban con la absoluta convicción que duraría para toda la vida. Hasta hablaron de pintar como medio de sustento, mientras cantaban canciones en inglés que ninguno de los dos sabia pronunciar. La cuestión era alargar lo más que se pudiera aquel trabajo. Pero Sandro enfermó, o quizás nunca había sanado. Tuvieron que extraerle el pulmón derecho para salvarle la vida. Nicolás sintió que también se lo habían extraído a él.

Sandro nunca se había dado al cigarrillo o alguna actividad que ponga en peligro su salud. Las travesuras que hacían con Nicolás difícilmente podían ser consideradas faltas a la buena crianza. Siempre se portó bien y trató a todos con respeto y consideración. Tenía un corazón tan noble que sólo puede ser adquirido como trasplante divino. El mismo corazón que uso para escuchar a Nicolás, con lujo de detalles y paciencia patriarcal, todo lo que se había demorado en darle a Maritza el beso que había planificado desde que la conoció. En la Costa Verde, empezó besando sus mejillas de niña buena; siguiendo por su frente, sus cejas, incluso su cabello; hasta finalizar, casi dos horas después, luego de haber recitado de memoria a Neruda y después a sí mismo, con un beso de película antigua, pero a todo color, en sus labios temblorosos. Sandro lo escuchó con atención y se alegró con el suceso. Ambos se fueron a jugar básquetbol hasta la puesta del sol. Nicolás pensaba, mientras lo miraba recostado, que Dios era un ser divorciado del sufrimiento humano. Sin sentido de la congruencia causa efecto. Y lo odió un poco. Porque Sandro no merecía nada de esto.

Era jueves todavía cuando la misma enfermera de arrugas en vez de ojos anunció que el horario de visita había culminado. Sandro sintió una sensación de desamparo que traspasó su propia mirada. Nicolás la percibió y le dio una palmada en la mano, asegurando que mañana vendría. Todos abandonaron la sala. Sandro pensó que no moriría porque era jueves. Sería demasiado literario pensó. Nicolás pensaba lo mismo mientras salía por esos pasillos lúgubres y que parecían pertenecer más a un museo, que a un nosocomio.

Esa noche Sandro sueña que está rodeado de agua y abismos. Entra en una catedral gótica con puertas echas de alas de gallinazos, escapando de unos monjes vestidos de marrón oscuro que tenían en lugar de ojos, unos cirios de llamas rojas. Las paredes de la catedral están formadas de partes humanas y el mortero usado es aceite de pescado. Los monjes lo llamaban por su nombre y ladraban como perros. La tercera noche no soñó más. Asimismo, las demás.
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Se recupera en dos años.
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Su amistad transcurre intacta a pesar de las distancias geográficas.

Han pasado diez años desde la cirugía de Sandro, ahora, lo atribula una vez más con una noticia dolosa, llama a Nicolás y le cuenta que su padre tiene cáncer. Nicolás está lejos. Nicolás siempre está lejos de todo justo en los momentos que lo necesitan o que desean su compañía. Ha optado por desterrarse de sus seres queridos y de las amistades que ha considerado familia desde que tenía uso de razón. Quisiera consolar y dar ánimo a Sandro, pero desiste porque piensa que las palabras fluidas no pueden desplazar una presencia silenciosa.


Sandro partirá para España o Alemania en julio del 2009. Acaban de hablar por teléfono. Nicolás no le ha dicho que lo quiere mucho porque sería muy cursi. Y él evita ser cursi a toda costa. Nicolás sólo desea que Sandro viva más que él. No como Aurelio. Y que mantengan, como siempre lo han hecho, esa amistad de granito que ha superado las distancias, los contratiempos, la vida misma.

12 comentarios:

Anónimo dijo...

A mi parecer, el mejor relato.

Pedro Carcamo.

Anónimo dijo...

Ya lei todos tus posts, ahora si entiendo.. ya estas creando una historia a partir de los personajes.. excelente.. mmmm me gustaria saber mas de milagros.

Rocio

iziar leugers dijo...

espero que sandro y nicolas sean amigos para siempre. porque eso es lo que importa.

Anónimo dijo...

Tremendo feeling.las mujeres nunca entenderian la amistad de los patas.
el poseido

verdemundo dijo...

Gracias Pedro. Me has dado con palo siempre, me alegra que este te haya gustado.

Milagros me llamó ayer y me dejó en coma otra vez. No era mi intención crear una historia que hile a todos los personajes, pero si resulta, creo que podría er interesante. Gracias Rocío.

Iziar, estoy seguro que mi brother y yo seremos amigos siempre. No te tomes muchas vacaciones en tu blog, que muchos somos Chica Diezholics.

verdemundo dijo...

ups, sorry poseido. Las flacas pueden entrar a un baño y conocer a otra mujer que será su mejor amiga por diez minutos. Conozco pocas que hayan creado vínculos duraderos.

Anónimo dijo...

verdemundo.. por que demoras tanto en escribir el siguiente post?

Anónimo dijo...

alejandro

Anónimo dijo...

ke te dijo esa Milagros..

Rocio

verdemundo dijo...

Alejandro, cuántas publicaciones serían suficientes al mes?

Rocío, Milagros siempre encuentra la combinación para dejarme en coma, luego me devuelve a la vida con alguna de sus fechorías.

Anónimo dijo...

... tu forma de narrar los hechos han hecho vivir otra vez censaciones pasadas y despertar esas censaciones nuevas despues de tantos años.
Me gusta amigo gracias por tenerme en tus recuerdo y precente.
Tu amigo ke te kiere mucho

Sandro

verdemundo dijo...

Gracias por tus palabras tío, ha sido el comentario más significativo para este post. Tu y yo bien sabemos por las cosas que hemos pasado. Y bueno, ojalá que tengamos vida y salud para pasar más cosas juntos.

Un abrazo hermano.