Mostrando las entradas con la etiqueta Mario. Mostrar todas las entradas
Mostrando las entradas con la etiqueta Mario. Mostrar todas las entradas

martes, 14 de abril de 2009

Fujimuris futurus abruptus pest



He leído con paciencia variopintos y sendos artículos de numerosos líderes de opinión. Casi todos celebran la sentencia a 25 años del ex mandatario del Perú, Alberto Fujimori, por los delitos de lesa humanidad en los casos: Barrios Altos y La Cantuta y los secuestros de Gustavo Gorriti y Samuel Dyer. Porque dicen es la moralización del Perú, porque dicen es la justicia que finalmente se ha erguido para liberarnos de dictadores futuros, porque es lo que se merece después de tanto abuso de poder y crímenes. Sólo he leído dos artículos referidos al juicio que, a mi criterio, carecen de fundamentos y defienden, como en los mejores tiempos de la prensa subordinada, a nuestro “benefactor”. Federico Salazar y Javier Valle Riestra han despotricado sobre los resultados del juicio aduciendo que no hay pruebas que señalen a Fujimori como autor mediato de los crímenes antes mencionados. Luego, sale una encuesta dudosa donde se asegura que el 70% de los peruanos no están de acuerdo con la sentencia. Desmentida, dudosamente también, por Marco Sifuentes.

Aquí lo que dice la calle, el barrio, la gente de a pie y los que toman combi. También los que tienen sus carritos y los llevan al Parque de Chaclacayo y ponen la música que les agrade, siempre y cuando no sea demasiado lejana de la tendencia chaclacayina. La gente que se toma sus chelitas debajo del letrero que dice: prohibido libar alcohol, gente que conozco y o la que me presento en una noche bohemia para conversar de sus apreciaciones. Algunos dudan como si fuera cámara escondida. Otros, animadísimos, quieren explayarse en sus ruidosos comentarios que aprendieron en el noticiero de la mañana y que repiten con sus vasito de plástico lleno de cerveza en un ademán sincero de convicción. En esas horas de madrugada donde las mentiras no existen y las poses se esfuman después de unas cuantas rondas. La verdad es a continuación sugerente, metódica y muy divertida.

- Que suelten a mi chino - dice Daniel - , antes ¿a caso hubieras podido meterte tus chelitas tranquilo aquí?

- Antes se volaron la comisaría que está ahí donde está el chifa* - lo interrumpe Chris, señalando con el dedo el chifa cerrado, sin soltar el vaso-. Los sacaron a los tombos** y los llenaron de plomo esos terrucos*** malnacidos.

Todos asienten con la cabeza. Algunos éramos muy niños pero recordamos las noticias, las conversaciones de nuestros padres, ese miedo generalizado, los apagones, las bombas, los muertos desmembrados en las noticias de las 8 de la noche, si había fluido eléctrico.

- Era una época donde había que hacer eso pues, Alan se hizo el huevón nomás, alguien tenía que hacer algo - dice Mario, recostándose sobre su nuevo auto Kia y botando la espuma sobrante de su vaso -. Pero eso no quiere decir que no fueran crímenes.

- Correcto - acoto- fácil le hubiera sido a Fujimori, que controlaba el Poder Judicial, encerrar a todos los terrucos y tenerlos como trofeos de guerra. Acababa su gestión y ahorita sería presidente del Perú en vez de estar preso por huevón.

Satisfecho por mi comentario, agrego con un cinismo desmedido.

- Además fueron cojudos pues, como van a cometer semejante crimen y no desaparecer los cuerpos, y encima los indultan a los militares por esas matanzas, ahí solitos se fueron de imbéciles.


- Que lo indulten, tanta vaina, sin él ahorita el Perú no estaría así - dice Daniel.

En realidad sólo Mario y yo estábamos de acuerdo con la sentencia, Daniel y Chris que lo indulten y los 8 restantes que le bajen la pena.

Animado, prosigo cambiando la escena. Les pregunto a mis amigos ¿qué hubiera pasado? si el chino hubiera entrado a la sala donde se lo juzgaba, con la frente en alto, diciendo: sí, yo fui el que ideo toda esa estrategia de guerrilla contra el terrorismo, porque eran tiempos difíciles, era lo único que se podía hacer. Soy responsable de las víctimas y pido disculpas por los inocentes. Me juzgarán ahora por los crímenes que cometí, pero todos aquí saben que de otra forma no hubiese existido la paz.

Todos se miran, me miran, Daniel ya no mira porque está cabeceando. Quizás le hubieran bajado los años agrega Edilberto, que es abogado. La situación sería otra. Creo que Nakasaki aspiró mucho y se quedó con una condena de esa magnitud.

Finalmente, no hay pruebas que señalen a Fujimori como autor. Me refiero a una confesión escrita o un documento ordenando textualmente el aniquilamiento de estas personas, terroristas o no, con derecho a un juicio. A Capone tampoco se le encontraron pruebas, pero nadie dudaba de la mafia que había montado. En estos casos la lógica penal trata de demostrar los hechos y su relación con el sospechoso. Se demostró que el grupo Colina pertenecía a una estructura con mandos que finalmente recaían en Fujimori, pasando por Montesinos. El gobierno sostenía económicamente e indultó a estos criminales cuando fueron descubiertos. Estos son indicios suficientes para culparlo. Toda la sentencia puede ser encontrada en http://www.pj.gob.pe/CorteSuprema/spe/index.asp?opcion=detalle_noticia&codigo=10409. El indulto para casos de lesa humanidad no existe. Podría Alan indultarlo. Keiko y Bayly de llegar a ser presidentes también lo indultarían. Eso significaría renuncia a la Corte de San José y ser parias en cuestiones de derechos humanos.

Creo que Fujimori perdió la percepción de la realidad. Se sintió todopoderoso. Montesinos se lo hizo creer. Hizo mucho por el país, pero también fue un criminal. Por lo último se lo juzga, por lo primero creo que ya cobró sus honorarios en forma holgada y se los llevó en voluminosas maletas a Japón. Luego demostró Fujimori, al ir a Chile, que sin Montesinos era un inválido en estrategias.

Todavía existe otra instancia. Creo que le bajarán los años. Menos de 20 no sería apropiado. Por haber sido presidente, le deberían dar todas las comodidades necesarias en su prisión. Y que los domingos le hagan su parrillada con toda la familia y que Bayly vaya y cuente sus chistes aristocráticos y le unte crema bronceadora a Kenji. Que se jueguen su pichanguita toda la corte de ayayeros descerebrados y que después se metan a la piscina. Sí que le pongan piscina al chino. Pero que esté encerradito ahí, como trofeo de la democracia. Encerradito hasta los 97. Como dice Beto Ortiz, cuando lo reelija el pueblo peruano como el presidente más longevo del mundo.
* restaurante donde se sirve comida china criollizada.
** policías.
*** terroristas.

domingo, 19 de octubre de 2008

Tristeza y Felicidad


Bajo mis ojos unos costales oscuros de sentimentales y a veces adoloridas amanecidas se dibujan monocromáticos y tan inciertos como la vida misma. Son mis ojeras sobrecogedoras con una personalidad tan impávida que parecen atadas a sus propios deseos, a su propio estigma. Quedo mirando mi reflejo en el espejo y apenas me reconozco. Desde ayer ese taxista desgraciado que bajó la velocidad sólo para insultarme me ha tenido pensando en sus palabras con una seriedad que no me pertenece. Entre otras muy hirientes, me dijo infeliz. Abro el caño y un chorro de agua caliente me adormece las manos. Pienso en todas esas personas que conozco, retazos de recuerdos van deslizándose como una bailarina exótica en el brillante tubo. Caras, imágenes, historias. Trato de descifrar la felicidad, si he conocido personas felices, si se parecen a mí. Trato de descifrar la tristeza. Las dos parecen hermanadas como zapatitos de bebé en el espejo retrovisor de las combis.

Aurora baja corriendo las escaleras del Hospital Grau para dirigirse a su casa, ha sido una noche larga en la unidad de cuidados intensivos. Su uniforme turquesa no logra impedir que su figura se traduzca en la acostumbrada sensualidad que provoca. Está cansada y pegajosa, pero eso no impide que se columpie una leve sonrisa de satisfacción en su rostro. Es feliz. Siente que está aprendiendo a ser enfermera. Siente que pronto podrá salir de su casa y vivir con Manuel finalmente. Entonces siente el aliento de cigarro añejo. Ya es demasiado tarde para reaccionar. El Dr. Alvarado la ha estado siguiendo por el corredor sin que se haya dado cuenta. Y ahora se acerca a ella como un toro salvaje. Con los pelos blancos que salen como raíces en manglar de su nariz, haciendo juego con sus bigotes blancos de western. La toma de la cintura y le dice con una sonrisa amarilla, nos vemos hijita. La aprieta contra su pecho. Ella sonríe sin ánimo y en tono de súplica. Pero ya se ganó el viejo desgraciado con sus senos. Ahora está enojada y sale a la calle. Manuel la espera con un ramo de rosas. Es su aniversario. Ella sólo le dice que quiere ir a su casa a dormir.

- Bieto, Bieto - ríe descontrolado. Son felices.

Ahora lo entiende con claridad. Más claro que el vodkatonic que se acaba de pedir. Aurelio lo mira con desparpajo. Y qué más te dijo, pregunta Aurelio. Sin responder se lleva la mano al bolsillo en busca de su celular que vibra sin ganas. Toma un trago, es feliz. Escucha la voz del gordo por el teléfono. Nicolás, no nos dejan entrar estos pitucos de mierda. Nicolás se pone en pie y baja las escaleras riendo, para qué eres cholo pues, le dice al gordo. Llega a la puerta y le dice al guardia de seguridad que el gordo y el chato píldora son sus amigos y que los deje entrar. El guardia de seguridad se aparta como puerta corrediza. Suben y se sientan con Aurelio. Todos ríen de lo que acaba de ocurrir. Ya entrado en tragos, dos horas más tarde, el gordo se levanta tambaleado y decidido resolla, este huachimán de porquería ahora va a ver quién chucha soy yo. Aurelio trata de detenerlo. Nicolás le hace un gesto para que lo deje. Toma otro trago y ya no es feliz.

- Te estoy llamando para que me saludes por mi cumpleaños - es Milagros, no le reconoce la voz. Hablan y son felices, pero se despiden pronto y al menos él, ya no lo es.

Susana tiene cinco meses de embarazo y no es feliz. Ya le dijeron que son mellizos. No quiere pensar en los nombres. Roberto está emocionado comprando ropa de bebés en Gamarra, después de tantos avatares podrá hacer la vida que siempre quiso con la mujer a la que estuvo devoto desde secundaria, su Susanita linda. Susana está enamorada de otro hombre, su nombre es José. Ellos han sido amantes por un año. Roberto lo sabía y planeó todo hasta que lo consiguió. Ahora nada podrá separarlos. José está manejando su camioneta hacia Punta Hermosa cuando Susana le cuenta que está grávida. El la felicita. Ella recuerda cuando salía de la playa en su bikini de conchitas de mar y José la esperaba en la hamaca tomando un Gatorade para la resaca. Ella recuerda cuando le decía a José que quería irse a vivir a cualquier lado que no sea Perú. Que lo conseguiría. Que no se casaría ni tendría hijos hasta los 33 años. Pero faltan 12 años y tendrá dos.

El único trabajo que tiene Mario es buscar trabajo. No es feliz.

Rocío tiene 37 años y ha perdido a Judith, a Xiomara y a Carlos. Esta es la cuarta vez que lo intentará. En el fondo sabe que su probabilidad de éxito es casi nula. Piensa en que todavía podrían adoptar. Entonces es feliz. Toma su rosario y le dice a Luis que deje de llorar.

Daniel y David tienen la misma edad y son amigos desde los 6 años. El hallazgo en el cajón del padre de Daniel ha sido suficiente para hacerlos felices a los 10 años. Es una revista Playboy que esconderán en el techo debajo de unos ladrillos cubiertos de maíz para que las palomas defequen y nadie se atreva a moverlos. El plan es perfecto. Además a David le ha salido el primer vello púbico y se siente un actor mexicano, se siente como Andrés García. A los dos días se le cae y ya no es feliz.

Miguel llega a su casa en la moto que le regaló un feligrés. Está lloviendo pero sabe que llegará pronto a casa donde su esposa y su hijo lo recibirán con alegría y chocolate caliente. Le abren la puerta los dos, el niño en brazos. Hay goteras por todos lados como si la casa toda se rehusara a compartir la felicidad que él siente. Pero la sonrisa de su esposa basta y sobra para poner ollas por todos lados que contengan el goteo desenfrenado. Miguel es ministro de una iglesia protestante. Se sienta a la mesa, abre su agenda y ve que no ha conseguido el número de personas bautizadas, inscritas y por lo tanto donantes de ofrendas, en el periodo que le habían asignado. Arrastra la silla y se dirige a la salida, toma la manija de la puerta y con la otra su abrigo impermeable, voltea, la esposa ya no sonríe. Se sube a la moto y no arranca. La lluvia lo apedrea.

Maritza gana su tercera partida seguida de Majhong y es feliz.

Ernestina es feliz porque todavía puede recordar su nombre. Lo repite sin cesar mientras observa fotografías mordisqueadas por el tiempo y la luz solar. Sin duda eran tiempos mejores. Todos se veían tan elegantes, no como los muchachos de hoy. Se pone triste porque no se logra reconocer en ninguna de las fotos, otra vez olvidó su rostro.

Me termino de afeitar con una entrega de artista italiano del renacimiento. Me pongo las cremas. Mi piel es tersa, suave, como comercial de Nivea. Todos mis personajes desaparecen en mi cabeza diciendo adiós con las manos y pañuelos blancos, alejándose en el Titanic. Qué será de la vida de toda esta gente en este momento, pienso, mientras me pongo las medias de nylon negro. La faldita corta, los tacos, arriba nada, sólo el abrigo. La peluca pelirroja que combine con el color de los labios. Le ruego a mi San Martincito que nadie me insulte, que nadie me pegue, que me paguen con sencillo y que me perdone por ser tan pecadora, mejor dicho pecador. Sí soy feliz, repito en voz alta. Paro el taxi. ¿Cuánto al Puente Quiñones?