lunes, 28 de febrero de 2011

Un sueño fugaz, Iván Thays



Acaba de salir esta novela a través de cuentos, en Anagrama. Uno de mis libros favoritos y más queridos es La disciplina de la vanidad, así que, estoy seguro, disfrutaré mucho de esta lectura.

Un escritor que tuvo su cuarto de hora de fama, que luego vivió la frustración y el fracaso en la vida y en la obra, va reencontrándose con viejos amigos de un taller literario para adolescentes llamado Centeno, y aceptando en cada encuentro su vida extinguida. Estamos ante una road movie literaria que se mueve no a través del espacio sino del tiempo. Un viaje que empieza con un escritor cuarentón que vive en Venecia con una mujer a quien no ama y el fantasma de un hijo fallecido, y termina en Lima, cuando es ya anciano y es visitado por una groupie literaria que lo considera un autor «de culto» y que parece no haberse enterado de que ese hombre vive según la máxima de Rudyard Kipling: «debes encontrarte con el éxito y el fracaso, y tratar a esos dos impostores de la misma manera». Al fin y al cabo, ¿qué es el éxito o el fracaso para aquel que ha descubierto que la vida es tan sólo un sueño fugaz del que estamos condenados a despertar? Con este nuevo libro, el peruano Thays hace ciertas las palabras de Mario Vargas Llosa, quien escribió en su día: «Iván Thays es uno de los más interesantes escritores que han aparecido en América Latina en años recientes.»

domingo, 27 de febrero de 2011

Las voces de Mario en La Catedral



DESDE la puerta de La Crónica Santiago mira la avenida Tacna, sin amor: automóviles, edificios desiguales y descoloridos, esqueletos de avisos luminosos flotando en la neblina, el mediodía gris. ¿En qué momento se había jodido el Perú? Los canillitas merodean entre los vehículos detenidos por el semáforo de Wilson voceando los diarios de la tarde y él echa a andar, despacio, hacia la Colmena. Las manos en los bolsillos, cabizbajo, va escoltado por transeúntes que avanzan, también, hacia la Plaza San Martín. El era como el Perú, Zavalita, se había jodido en algún momento. Piensa: ¿en cuál? Frente al Hotel Crillón un perro viene a lamerle los pies: no vayas a estar rabioso, fuera de aquí. El Perú jodido, piensa, Carlitos jodido, todos jodidos. Piensa: no hay solución. Ve una larga cola en el paradero de los colectivos a Miraflores, cruza la Plaza y ahí está Norwin, hola hermano, en una mesa del Bar Zela, siéntate Zavalita, manoseando un chilcano y haciéndose lustrar los zapatos, le invitaba un trago. No parece borracho todavía y Santiago se sienta, indica al lustrabotas que también le lustre los zapatos a él. Listo jefe, ahoritita jefe, se los dejaría como espejos, jefe.

(Extraordinario primer párrafo. La sensación de una realidad difusa, el sentimiento en el paisaje, esos esqueletos que flotan en la neblina y el mediodía gris, terminando en la sílaba aguda para darle mayor musicalidad.

Las cuatro voces de este narrador exquisito: una desde lejos que va mirando todo; otro que te habla en el oído, como una hiperconciencia, piensa; la voz de Santiago Zavala; Norwin; el lustrabotas. Pero eso sí, todos controlados, haciendo su función. Arriba dios, es Vargas Llosa.)

viernes, 25 de febrero de 2011

lunes, 21 de febrero de 2011

100 años de Sábato



De la física cuántica a la literatura. De las letras a la pintura. Ernesto Sábato es un viajero que navega por los mares tempestuosos de las facultades humanas. A través de la imagen desborda los límites de la palabra, pero mantiene el lánguido esplendor de su literatura.

Con respecto al Túnel, una de las obras más importantes de Sábato, dice Alonso Rabi do Carmo: ¨La violencia, pues, no se retrata desde un punto de vista legal o penal, sino desde la perspectiva del arte: crímenes como el de Castel no tienen un objetivo práctico, su móvil no es el robo o el enriquecimiento, sino la idea del crimen como objeto artístico¨.

Para los interesados en conocer cómo se transfiguró a las letras después de ser un físico afamado con una familia constituida y luego pasar al anonimato y casi a la destrucción, pueden leer Antes del fin.

viernes, 18 de febrero de 2011

Basho y Kikaku



"Cierto día, Basho y Kikaku iban paseando por el campo y se quedaron mirando las libélulas que revoloteaban por el aire. En ese momento, el discípulo compuso este haiku:

¡Libélulas rojas! Quítales las alas y serán vainas de pimienta."

El Maestro respondió: "No. De ese modo has matado a las libélulas. Di más bien:

¡Vainas de pimienta! Añádeles alas y serán libélulas".

(Pintura de Hoffman)

lunes, 14 de febrero de 2011