Ya es hora que los curas se casen para ser más normales. El don de la continencia ciertamente no alcanza a todos.

Bruno Ysla Heredia
Marzo 24, 2010 en 11:28 pm
Me ha gustado esta tira, o me ha llamado bastante la atención. Primero por la novedad de los personajes; segundo por su disposición en el espacio: Da la impresión de que están en medio de la nada (por el fondo celeste) o que están desconectados de la realidad o arrinconados por ella porque parece que tienen ante ellos una verja y una rama de árbol que provendría de afuera, a la vez me parece curiosa la posición de la banca pues sólo una pequeña parte de ella está apoyada en la pared (la institución) y el resto está apoyada en esa nada celeste (la creencia); tercero, me gusta la sucesión de hechos, sobre todo por el silencio del tercer cuadro y la resolución inesperada en el último cuadro que hace regresar a los anteriores (¿acaso en el tercer cuadro están esperando que Dios los fulmine?, la ¿cigüeña? ¿garza? tuvo un silencio muy significativo, digamos “espiritual”, en los tres primeros cuadros y cuando abre la boca, o el pico, es para decir ESO).
El último cuadro me sugiere muchísimas ideas que escribiría pero las tengo dispersas y sueltas en la cabeza como, haciendo una de esas analogías que algunos científicos odian, radicales libres.



